—¡No es posible! —exclamó con horror la voz de Tiziano más allá—. Utilizó la espada lunar para matar a Sam.
Por supuesto. Aquella era la espada de Melissa, esa que me había dicho que estaba hecha de plata consagrada por la Luna. Me había comentado que era una formidable arma en contra de los licántropos, pero nunca me imaginé que fuera al grado de matarlos al primer golpe.
Retiré la espada del licántropo negro, el cual cayó hacia el lado de forma inerte.
—¡Ustedes serán los que siguen si no se largan! —exclamó Melissa mientras Franco la introducía en la vivienda cargándola en sus brazos.
Tiziano y Paolo recularon por el pasillo. Los sonidos que indicaron que comenzaron a atropellarse en su intento de buscar una salida fueron inconfundibles.
Quizás yo me hubiera quedado anonadado ante lo que acaba de ocurrir si no hubiera habido algo más importante en lo que centrarme.
—¡Alfa! —exclamé al tiempo que brincaba el cuerpo del hombre lobo negro frente a mí para poder llegar hasta el licántropo rojizo, asegurándome de mantener la espada lunar lejos de él.
Franco también se apresuró a cruzar la sala para depositar a Melissa cerca de Alfa. La mujer y yo nos arrodillamos a su lado.
—Franco, encárgate del cuerpo de Sam —ordenó Melissa al tiempo que comenzaba a pasar sus brazos llenos de cortes por el cuerpo de Alfa, como si estuviera palpándolo. Al pasar por el lado izquierdo del torso, Alfa soltó un sonido ahogado y abrió los ojos.
—Son dos o tres costillas rotas —dictaminó Melissa con preocupación—. Espero que no haya perforado nada.
—Giraud —expresó Alfa con desesperación mientras sus ojos bailaban de un lado para otro.
—Aquí estoy —le respondí al tiempo que ponía mi mano sobre el lado de su hocico.
—¿Estás bien? ¿No... no te mordió? —preguntó con trabajo al tiempo que su mirada se enfocaba en mí.
—Yo estoy bien —le respondí siendo ligeramente consciente de que a mis espaldas Franco se encontraba retirando el enorme cuerpo negro—. Tú eres el que resultó herido en esta ocasión.
Sentí mis ojos aguarse mientras decía aquello. Alfa había resultado herido por protegerme, por intentar cuidar de mí y evitar que aquel licántropo lunático me hiciera cualquier cosa que estuviera pensando hacerme. Y en esos momentos yo no podía hacer nada por él, pues no tenía la menor idea de cómo ayudarlo con sus costillas rotas.
—Ya quedó —anunció Franco al tiempo que volvía a entrar en la sala—. Dejé el cuerpo en la orilla del claro, justo pasando los primeros árboles. Si para mañana el resto de la manada no se lo ha llevado lo enterraré.
—Me parece bien —asintió Melissa con el ceño fruncido—. Ahora necesitaré tu ayuda para trasladar a nuestro amigo a su cuarto.
—¿No hay que inmovilizarlo o algo así? —pregunté yo preocupado.
—En las fracturas de costilla no se recomienda ello, pues la inmovilización dificulta la respiración y eso puede traer otra clase de problemas —me respondió Melissa en un tono que me sonó extrañamente profesional, como si mi amiga se dedicara a ello—. Lo mejor que podemos hacer es llevarlo a un lugar dónde pueda descansar y estar cómodo. De cualquier manera prepararé algo que pueda ayudarle con el dolor.
—Espero no lastimarte, amigo, pero todo sea porque estés más cómodo en cama —dijo Franco al tiempo que se agachaba para poder tomar a Alfa entre sus manos.
Yo retiré mi mano de su rostro. Lo que no me podía esperar fue la reacción que siguió a ello. Al tiempo que Franco lo comenzaba a levantar, la cara de Alfa se llenó de desesperación. Al principio creí que Franco lo estaría lastimando sin proponérselo, pero las palabras que siguieron no cuadraron.
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Moon Revenge
WerewolfHace 10 años Giraud conoció a un hombre al que no puede olvidar. Ahora, en un intento por olvidarse de él y encontrar un sentido de vida del que ha carecido desde que tiene consciencia, él ha partido en un viaje hacia los bosques de la corona del su...