No sé cuánto tiempo pasó. Cuando volví a despertar, me encontré en una habitación poco iluminada, construida de roca azul. Me recordaba un poco al diseño del templo de la academia.
Intenté sentarme, pero estaba muy cansada. Mi cuerpo se negaba a hacer el más mínimo esfuerzo, así que volví a recostarme. Noté que me encontraba sobre una camilla, solo que no estaba en una enfermería. Miré a un lado, me encontré con una persona demacrada. Estaba tan flaca que se le veían casi todos los huesos, le faltaban varios dientes, su piel estaba arrugada, apenas tenía unos pelos en la cabeza... entonces me di cuenta que se trataba de una momia.
—¡Ah!— chillé.
Por el susto intenté hacerme atrás, pero como estaba sobre la camilla, me caí y me pegué en el poto.
Mi cuerpo entero estalló en un dolor paralizante. Volví a sentir todos los impactos de mi pelea con Trenak.
Tuve que quedarme un buen rato en el suelo para recuperarme, suficiente tiempo para que llegara otra persona.
—¿Qué haces, niña?— alegó un enfermero.
Me ayudó a ponerme de pie y a recostarme en la camilla de nuevo.
—¿Dónde estoy?— le pregunté.
—En el templo, en la academia— contestó él— llevas más de 30 horas dormida.
Eso explicaba mi sensación de debilidad.
—¿El templo tiene una enfermería?— inquirí.
Hasta mi voz sonaba débil. Al menos podía descansar.
—No— contestó— pero te trajimos aquí porque era el lugar más adecuado. Sanar tu cuerpo fue fácil, incluso fuera del hospital. Lo difícil fue recuperar tu alma.
Me habría sorprendido bastante de no haber estado tan cansada.
—¿Mi alma?— repetí— ¿Qué le pasó a mi alma?
—Solo sé que cuando llegaste, tenías un enorme déficit de animitas— indicó— sea lo que sea que hayas hecho, no deberías volver a intentarlo.
Me giré para mirar el cielo. Comenzaba a recordar lo último que había ocurrido.
—Saqué mi alma de mi cuerpo— admití— pude ver... sentir todo... no estaba segura de si iba a sobrevivir.
—Bueno, apenas lo hiciste— alegó el enfermero, mientras revisaba unas máquinas— de no ser por tus compañeras, tu alma habría dejado tu cuerpo por completo. Deberías agradecerles cuando las veas.
Asentí.
—Eso haré... solo tengo una duda.
—Dime.
Apunté al muerto a mi lado.
—¿Por qué hay una momia?— quise saber.
—¿De qué hablas? Para recuperarte, obviamente.
Parpadeé unas veces, intentando procesar lo que había dicho, pero no tenía sentido.
—¿Qué?
—Sus animitas. Los cadáveres sueltan casi todas sus animitas apenas se mueren. Las momias son distintas, preservan sus cuerpos y almas por largos períodos de tiempo y se deshacen de sus animitas poco a poco. Son lo mejor para recuperarse de una falta de animitas. Es un tratamiento que se hace a fantasmas y silencios avanzados. Aprecia que la directora decidiera salvarte el pellejo.
—Ah, entonces es eso.
Por alguna razón me pareció chistoso.
—¿Oíste eso, Brontes? Las momias son una fuente de animitas... ¿No te parece cómico?
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La Helada Garra de la Muerte
AventureSecuela de De las Sombras al Corazón. La Helada Garra de la Muerte continúa la historia de Liliana poco tiempo después del final del libro anterior. Esta vez, deberá probarse y entrenar para convertirse en una sombra.