Han pasado tres años desde la última vez que se supo de los Sayler, los mismos que fueron derrumbados por una sola persona. Kylee "Cooke" Sorní, una becada junto a su mellizo en la universidad que tanto tiempo estuvo administrando el padre de dicha...
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Siendo sincera, no podía creer lo que estaba viendo frente a mí. Unos toques en la puerta me hicieron despertar ese lunes por la tarde, me había dormido sobre los papeles en los que escribía mi supuesto discurso de graduación que estaban sobre la mesa.
Me levanté cuando los toques insistieron en la madera y tuve que asistir antes de que la persona detrás de la puerta se desesperara, aunque no podría imaginar quién era. Giré el pomo al llegar a él y al quitar el seguro me retiré los lentes de lectura que apenas me había percatado que tenía en mi cara.
— ¿Sí?
— Hola Cooke.
Me quedé inmovilizada al ver la figura de mi hermano, mi mellizo menor, parado frente a mí con una llave en su mano, siendo sincera casi no lo reconocía. Se había cortado el cabello y se había dejado el bello facial, seguía siendo el mismo rostro de niño que empezaba a adoptar unos toques maduros a través del tiempo. ¿Cuánto había pasado para que se viera así?
«Mucho, supongo». Dijo mi interior, y me concienticé de sus palabras, ¿algunos cuatro meses, quizá?
Guardó la llave en el bolsillo delantero de su pantalón para después sonreír.
— Karter, ¿qué tal? —Saludé con cierta sorpresa en mis palabras—. Cuanto tiempo.
— Lo mismo digo. Veo que te sigues durmiendo sobre la mesa cuando estás estudiando, ¿dormiste bien anoche? —Preguntó él al adentrarse sin que fuera invitado. Yo cerré la puerta después.
— Sí, estoy trabajando en los últimos toques de mi tesis, me toca presentarlo la próxima semana, estoy muy tensa.
— Mh, ¿esto también es de tu tesis? —Karter levantó los papeles en los que justo me había dormido y pareció leerlos por encima—. Parece más un discurso.
— Es por que es un discurso. —Una sonrisa cómplice se asomo en mis labios cuando le arrebaté los escritos de sus manos y los moví un poco en el aire—. Adivina quien será la encargada de dar el discurso de la generación.