Paso a paso

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A un par de horas del gran día, los novios estaban nerviosos. 

George trabajaba el doble para distraerse, enervando a Fred.

Angelina entrenaba sola mientras Afrodita se apartaba para evitar ser golpeada.

- ¿Puedes parar ya? - preguntaron ambos.

- Necesito distraerme - contestaron los prometidos.

Fred bufó y le quitó la caja de las manos. Se cruzó de brazos frente a su hermano.

- ¿Por favor?

- Nunca has dicho esa palabra.

- Creo que sí. Alguna vez.

- ¿Falta de sexo?

- ¿A qué viene esa palabra?

- Siempre te da igual todo, y ahora pareces hasta preocupado por mí.

- Yo siempre me preocupo por ti. Aunque no lo veas. - Fred abrazó a su hermano tomándolo por sorpresa.

- Sigo pensando que es la falta de sexo.

Afrodita corrió detrás de su amiga. Angelina se dio cuenta y empezó a volar alto. Afrodita, armándose de valor, tomó otra escoba e intentó volar detrás.

Angelina al darse cuenta aterrizó, dejando a la castaña en el aire.

- ¡Angelina!

- ¡Volveré cuando lo vea! - y salió disparada.

Afrodita intentó volar tras ella.

Ambas aparecieron el Callejón Diagon sin saber cómo.

Los gemelos escucharon como un cristal se rompía.

- Me encargo yo. Cuida de los clientes - ordenó Fred.

Al llegar arriba vio a las dos amigas tiradas en el suelo y una escoba volando.

- ¿Pero qué?

- Afrodita, no vuelves a tomar una escoba en tu vida - bufó Angelina

- Ibas a escaparte a los brazos de George - gruñó Afrodita.

- Vuelas mal

- Aguantas poco.

- ¿Estáis bien? - preguntó Fred.

Levantaron la cabeza. Angelina estaba enfadada, y Afrodita se quedó con cara de estúpida enamorada al verle.

- Me duele el tobillo - mintió Afrodita.

Angelina la miró mal. Ella estaba bien, no podía ser que su amiga estuviera mal si iba detrás. 

- ¿Puedes andar? - Fred no sabía qué hacer.

- Creo que no - intentó levantarse, pero fingió caerse de nuevo. 

Fred la sujetó - Yo te cargaré. No te preocupes.

- Gracias.

- ¿Angie?

- Estoy perfecta. - se puso de pie. 

Pretendía dejarlos ahí para ver a George, pero ambos se dieron cuenta a tiempo.

- He de pedirte que vuelvas a casa de Afrodita y la cuides. Yo la ayudo a llegar.

- ¿De verdad? - ella sonrió esperanzada.

- Podemos ir andando - dijo la morena.

- ¡Me duele mucho! - puso una mano en la frente y se echó hacia atrás.

Enemies in law (Fred Weasley)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora