La petición de Harry

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La petición de Harry




Severus no atinaba a qué decir. En todo ese tiempo Harry había ido recordando poco a poco a las personas que habían pasado por su vida, sus mejores amigos, Ronald y Hermione habían sido dos de ellos, pero el recuerdo del pelirrojo había llegado incompleto... y no sabía si ahora finalmente podía recordar todo.


— Murió... en la guerra. —sollozó Harry.

— Eso ya lo sabías, Harry. —la voz de Severus se escuchó más grave de lo normal, incluso titubeante, pero en el estado en que Harry se encontraba no podía notarlo.

— Lo sé... y hacía tiempo estaba resignado, aunque sigue doliendo que mi mejor amigo no sobreviviera, ahora no sé porqué dolió más.

— ¿Puedes decirme qué recordaste?

— Que le gustaba el Quidditch. —dijo secándose las lágrimas para sonreír amargamente—. Era el Guardián de nuestro equipo ¿verdad?

— Así es.


Severus se sintió un poco más tranquilo por la respuesta, parecía que no había nada de qué preocuparse, y con mayor seguridad fue por Harry para regresar hacia el sillón en donde se sentó e hizo que el ojiverde lo hiciera en sus piernas, abrazándolo amoroso, consolándole por el recuerdo de la pérdida de su amigo... y agradeciendo que las circunstancias en que ésta había sucedido aún continuara siendo un misterio para su esposo, era mejor que jamás lo recordara.


— ¿Porqué no puedo recordar a Ron, Sev? —preguntó Harry acurrucándose en el pecho de su esposo, donde podía sentirse protegido y a salvo de cualquier cosa.

— Es consecuencia del hechizo, Bicho, recuerda que eso es lo que dicen los medimagos, no te desesperes ni te esfuerces demasiado por recordar.

— Pero es que no entiendo... recuerdo bien a Hermione, todo de ella, su risa, su voz, sus ojos marrones, su gusto por leer cuanto libro se encuentre enfrente... recuerdo incluso a Colin Creevey con quien casi ni conviví. Recuerdo a casi todo Hogwarts, pero de Ron prácticamente nada.

— Recuerdas que fue tu amigo, eso es lo importante.

— Quisiera recordar su rostro. —confesó en un nuevo sollozo—. ¡Me desespera cerrar los ojos y verlo a través de una nube!... ¿cómo puedo recordar la apariencia de cada uno de los Weasley menos la de él?

— Harry...


Harry suspiró enderezándose mientras respiraba hondo y se secaba las lágrimas.


— Lo siento. —se disculpó esforzándose por sonreír—. Me he puesto demasiado sentimental, no quiero que te preocupes por mí.

— Recuerda que prometiste vivir un día a la vez.

— Sí. —afirmó—. ¿Puedo hacerte una pregunta?

— Las que tú quieras.

— ¿Porqué nadie nos escribe?... ¿Porqué nadie ha venido a visitarnos en todos éstos años?


Severus atrajo a Harry para volverlo a recostar en su pecho, frotándole el brazo para relajarlo.


— Ellos piensan que lo mejor es dejarnos a solas, rehaciendo nuestras vidas alejados de ese ambiente en el que quedó Inglaterra luego de la guerra... es lo mejor para ti.

— Quisiera verlos... ¿Podemos ir a verlos algún día? ¿Por lo menos a los Weasley y a Hermione?


Severus no respondió, tan sólo besó afectuoso la frente de su esposo sin dejar de masajearlo. El ojiverde ya no insistió por el momento, pero tenía muchos deseos de volver a ver a quienes fueron una familia para él.



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Esa noche, Severus apenas pudo dormir. La cama era demasiado chica, y aunque él se ofreció a hacerlo en el sillón, Harry no se lo permitió pretextando que sin abrazarlo no podría jamás conciliar el sueño.


Y aunque los tres estaban realmente apretados, no podía decirse que incómodos, por lo menos Harry, quien estaba en medio, sonreía mientras abrazaba a su hija y se sentía abrazado por Severus.


Éste último miraba por la ventana mientras recordaba el llanto de Harry. Afortunadamente había cedido pronto, esa era una gran virtud del ojiverde, lograba sobreponerse a cualquier tristeza... pero Severus se preguntaba si sucedería igual si a su memoria vinieran los últimos momentos de Ronald Weasley, si recordaba lo que el pelirrojo había hecho durante la batalla en la que perdiera la vida.


Frunció el ceño pensando que ni él se hubiera imaginado a ese chico actuando de tal manera.


El cielo empezaba a teñirse de colores azulados cuando fue sintiendo sus párpados pesados, ya no pudo permanecer despierto.



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