Libro I
Nombre de antes DESTINATI A STARE INSIEME
La leyenda afirma que aquellos que estén unidos por el hilo rojo están destinados a convertirse en almas gemelas, y vivirán una historia importante, y no importa cuánto tiempo pase o las circunstanc...
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20 deoctubre del 2018
La música era ensordecedora incluso desde el exterior. Las luces de neón parpadeaban con un ritmo hipnótico, bañando las ventanas con destellos eléctricos. Desde mi posición en la acera, tenía una vista perfecta del interior. El vidrio hacía que todo se viera más turbio, menos definido, pero eso no importaba. Yo sabía a quién buscaba, y sabía que él siempre destacaba, como una constante que nunca fallaba.
Él estaba allí, en medio de todo, como siempre. Rodeado de gente, irradiando esa energía magnética que parecía atraer a todos como si fuera un imán. Pero esta vez no estaba solo.
Ella estaba con él.
Apenas podía creerlo cuando los vi juntos por primera vez. ¿Qué hacía ella allí? Era como si intentara mezclarse con ese mundo que claramente no era el suyo.
—¿Estás viendo lo que yo estoy viendo? —La voz en el teléfono me sacó de mis pensamientos.
—Sí, estoy viendo.
—No entiendo. ¿Por qué ella?
—No lo sé —respondí, apretando los dientes. Pero dentro de mí, la pregunta resonaba con más fuerza. ¿Por qué ella?
Ellos no parecían estar divirtiéndose como el resto. Sus posturas eran tensas, demasiado rígidas. Incluso a través del ruido y la distancia, podía sentir la fricción entre ellos. Ella se cruzaba de brazos, inclinándose hacia atrás cada vez que él intentaba acercarse.
—Están peleando —informé.
—¿Qué tan mal?
—No lo sé, pero no parece que vaya a terminar bien.
Había algo hipnótico en observarlos. Tal vez era la forma en que él la miraba, con esa mezcla de desafío y calma, como si estuviera seguro de que, al final, todo saldría como él quería. O tal vez era ella, con su torpeza al tratar de mantenerse firme, aunque estaba claro que su determinación flaqueaba.
—¿Qué estás planeando? —preguntó la voz.
—Solo estoy mirando.
—Eso no responde mi pregunta.
Suspiré, pero no dije nada más. Mis ojos seguían fijos en ellos, incapaz de apartarme.
De repente, ella giró sobre sus talones, como si decidiera que ya había tenido suficiente. Se dirigió hacia la salida, sus movimientos rápidos y decididos. Por un momento, pensé que él la dejaría ir. Pero, por supuesto, no lo hizo.
En un instante, él cerró la distancia entre ambos, y antes de que pudiera siquiera procesar lo que veía, la levantó.
—¿Qué está pasando? —preguntaron al otro lado del teléfono.