Libro I
Nombre de antes DESTINATI A STARE INSIEME
La leyenda afirma que aquellos que estén unidos por el hilo rojo están destinados a convertirse en almas gemelas, y vivirán una historia importante, y no importa cuánto tiempo pase o las circunstanc...
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Zairo D'angelo
El sonido de mis pasos resonaba en el sótano oscuro y húmedo. Las paredes cubiertas de moho y el aire cargado de desesperanza eran testigos silenciosos de su encierro prolongado. Allí estaba Violet, sentada en un rincón, con las muñecas atadas y el miedo escrito en su rostro. Había pasado días vigilándola, esperando que cometiera un error.
Vi el destello de la pantalla del teléfono en sus manos temblorosas. Mis ojos se afilaron al instante. Con pasos decididos y control absoluto, crucé el sótano sin apartar la vista de su intento desesperado de esconderlo.
—¿Qué crees que estás haciendo? —gruñí, dejando que mi voz se llenara de amenaza.
Ella retrocedió instintivamente, pero era inútil. Intentó ocultar el teléfono detrás de su espalda como si yo no lo hubiera visto. Con un movimiento rápido, se lo arranqué de las manos.
La empujé con fuerza, viendo cómo caía al suelo con un golpe seco. Elevé el teléfono, examinándolo con desprecio. Viejo, agrietado... patético.
—¿Creíste que podrías engañarme? —susurré con veneno.
Dejé caer el teléfono al suelo y levanté mi bota, aplastándolo con toda mi fuerza. El crujido del vidrio y el plástico rompiéndose resonó con un eco satisfactorio.
Ella se encogió, con los ojos llenos de furia y desesperación. Sabía que había destruido su última esperanza.
Me agaché y la obligué a levantar la cabeza tirando de su cabello.
—Esto pasa por meterte con el demonio en persona, Violet. Con mi mujer nadie se mete. Espero que todo esto te enseñe a comportarte como una dama y no como una zorra.
Me incorporé lentamente, disfrutando cada matiz de su desesperación.
—Encadénenla —ordené con voz fría.
Ella respiraba con dificultad, pero sus ojos seguían ardiendo con una mezcla de ira y desafío.
El sótano quedó en silencio, roto solo por el eco de mis palabras y el sonido distante de gotas cayendo del techo. Ella estaba atrapada, y yo sabía que aún respiraba... por ahora.
Cerré la puerta con un golpe ensordecedor. El cerrojo resonó como una sentencia final.
La dejaría sola con su desesperación. Sabía que intentaría luchar, pero también sabía que este juego apenas comenzaba.
Mis órdenes fueron ejecutadas sin una palabra. El eco de los grilletes cerrándose fue la última melodía que escuché antes de desaparecer en las sombras.
Respiré hondo al salir del sótano, dejando atrás la humedad sofocante. El aire fresco de la tarde me golpeó con fuerza, despejando mi mente cargada de pensamientos oscuros. No era fácil, pero tenía que seguir adelante. La sensación de ahogo desapareció al instante, reemplazada por un respiro profundo, como si cada inhalación fuera una oportunidad para empezar de nuevo.