Ismael me tiró sobre su cama bruscamente. Era una habitación bastante pequeña en realidad pero la cama era grande, y daba espacio de sobra como para hacer de todo.
Le quité la camiseta y él a mí el top. Después las partes de abajo también desparecieron y por supuesto la ropa interior, la cual Isma me arrancó, literalmente.
Me apoyé en el cabecero de la cama y dejé que me embistiera con todas sus fuerzas soltando un grito demasiado fuerte. Compadecí a sus vecinos.
Cada vez que metía y sacaba su pollón de mí, la cama se movía chocando contra la pared, sonido al que habría que añadir los gemidos de ambos.
Mientras me penetraba, empezó a besarme el cuello, y pronto sentí cómo succionaba. Seguro que me iba a dejar marca, pero eso me excitó aún más.
Me giré y lo besé con fuerza y sobre todo pasión. A continuación se dejó caer hacia atrás invitándome a montarlo.
Obviamente no dudé ni un segundo y lo hice, empecé a saltar sobre su pene como si me fuera la vida en ello. Me apoyé en sus hombros e intensifiqué la velocidad, el sonido de su pene chocando contra mí podría hacer que me corriese sin tocar absolutamente nada de mi cuerpo.
Yo tampoco quería quedarme sin dejarle alguna marca así que me acerqué a su pecho y empecé a darle besos que luego se convirtieron en zonas succionadas por mi boca. Sonreí al ver cómo poco a poco se empezaban a enrojecer.
Le hice otro chupetón mientras le miraba, y simplemente viendo su cara de placer, con los labios separados jadeando y el entrecejo fruncido llegué al orgasmo.
Me dio un azote en el culo y me levanté para girarme, de manera que empezamos a hacer el 69.
Le chupaba la polla con todas mis ganas mientras la movía de arriba a abajo a toda velocidad. Enseguida empezaron a salir gotitas blancas de ese semen que tanto me gustaba y luego el chorro salió llenándome la mano del caliente líquido.
Mientras, Isma me chupaba mis partes mientras metía los dedos y los sacaba.
No tardé en sentir cómo me corría yo también.
Se sentó y me giró, quedando encima de mí.
Frotó su miembro contra mí, masturbándose simplemente con mis piernas. Después lo metió lentamente, pero hasta el fondo. Empezó a dar más fuerte cada vez.
- ¿Te gusta?
No podía contestar, solo podía gemir y gritar.
Me cogió la cara con una mano obligándome a mirarlo, pero solo podía concentrarme en su boca y las ganas que tenía de comérsela.
- Te he hecho una pregunta.
Para qué negarlo, el rollo maso también me gustaba y él lo sabia muy bien.
Al ver que seguía sin contestar empezó a dar más fuerte, con lo que yo gemía aún más fuerte.
- ¿Te gusta, Mar?
Escuchar su nombre salir de sus labios fue totalmente un orgasmo auditivo.
- No -mentí-. Lo quiero más fuerte.
Empezó a dar más fuerte tal y como le había pedido y pensé que me iba a dar un infarto, y entonces sentí cómo se apretaba contra las paredes de mi vagina.
El mejor orgasmo de mi vida.
Salió de mí con la respiración agitada y me besó. Después se tumbó a mi lado.
Cogí el móvil de la mesita de noche y miré la hora.
- Llevamos cuatro horas -dije-. No está nada mal.
- Pensé que estabas cansada.
- Yo nunca me canso de follar.
Isma se rió, pero yo seguía cachonda como nunca y no iba a darle ninguna tregua.
Le abrí las piernas y empecé de nuevo a saltar sobre su pene, está vez con su pierna entre las mías.
En cuanto conseguí calentarlo de nuevo se sentó al borde de la cama para seguir. Yo continuaba arriba, pero ahora estábamos cara a cara, totalmente pegados. Me encantaba esa postura.
Apoyó su cara en mi hombro. Sentía sus jadeos en mi oído y su respiración en mi cuello, todo era demasiado excitante.
Me abrazó bruscamente y sin dejar de penetrarme nos levantó y empezó a follarme contra el armario que estaba al lado de la cama.
Apreté mis piernas bien alrededor de su cintura, no quería que se despegara ni un centímetro de mí, quería sentirlo todo.
Pasé las manos por su espalda hasta su cuello y las dejé sobre su mandíbula. Empezó a besarme, y no se detuvo hasta que nos corrimos de nuevo.
Ahora sí que no podía más.
Salió despacio de mí, pero sin bajarme me llevó hasta la cama y me dejó en el lado derecho de ésta. Se tumbó de nuevo junto a mí, apoyando su brazo en la cama, mirándome. Debía estar bastante ridícula intentando recuperar el aliento, pero no dejó de observarme.
- ¿Qué?
- Nada. Me gusta ver cuando estás así.
- ¿Cómo?
- Agitada. Me pone cachondo.
Intenté aguantar la risa pero no podía.
Me lo había pasado muy muy bien con Isma. Y había sido diferente, porque tal y como había dicho Rosa, y como yo en el fondo sabía, no era un simple polvo. Realmente me gustaba, y hacerlo con sentimiento no tiene ni punto de comparación con hacerlo por lujuria.
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ANIMAL
RomanceMar y Rosa van a pasar a la universidad y tienen claro que en su nueva etapa lo que más van a hacer es disfrutar. A cualquier precio. Pero, ¿hasta qué punto se puede llegar? ¿incluso cuando la diversión cruza niveles tan peligrosos como la muerte?