Capítulo 8: La Confesión

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¿Por qué estaba actuando tan infantilmente? Nos encontrábamos en una situación incómoda y ridícula al mismo tiempo. Mis ojos estaban a punto de desviarse hacia la parte baja del alemán, pero no lo hice. Era difícil no ver esos músculos que parecían llamarme, pero sabía que si estuviera en su lugar, no sería correcto que me miraran. Con mi cuerpo evité que el rubio abriera la puerta. No lo dejaría salir hasta que habláramos. Intentó sacarme, pero no lo logró. Lo desafié con mi mirada.

"¿Gina, por favor, déjanos solos?" Ahora era yo la que estaba furiosa por su actitud. Mis ojos estaban a punto de salirse de órbita.

"Cómo gustes," Gina se retiró. Nunca perdí el contacto visual con el alemán.

"Lo que estás haciendo es muy infantil," lo miré enojada.

"Pues si crees que soy infantil, puedes retirarte," me respondió el rubio.

"No me voy a ir. Quiero saber por qué me ignoraste," pregunté dolida. Él me había ayudado tan amablemente cuando pasó lo de Marco y ahora parecía haberlo olvidado. Estaba tan desconcertada, la furia me hizo olvidar que el alemán estaba semi desnudo.

"¿Acaso no es obvio?" Rodó sus ojos en respuesta.

"No lo es para mí. Creí que todo estaba bien entre nosotros," volví a hablar.

"¡Me gustas! Y me enloquece que todos estén tan cerca de ti. Sé que no nos conocemos bien, pero siento una conexión contigo que no puedo explicar," me confesó. Me quedé sin palabras. Ambos solos en un vestidor. Tenía a un alemán sexy semi desnudo muy cerca de mí. Era una escena impensada. Lo miraba, pero las palabras no salían. Mi balbuceo fue interrumpido por varias voces de hombres detrás de la puerta. Otros pilotos estaban empujando la puerta del vestidor para poder entrar. Tomé la oportunidad y salí corriendo, sin mirar atrás. Algo estúpido, pero fue lo único que se me ocurrió hacer. Escapar para no enfrentar las situaciones, algo que me salía a la perfección.

Corriendo volví hacia la multitud que festejaba la victoria de Charles Leclerc. Busqué con mi mirada a mi padre. Lo encontré al lado de Corinna Schumacher. Justo con ella, de tantas personas en el mundo, ella.

"Oh liebling, wie geht es dir?" Me preguntó amablemente. Sólo le respondí con una sonrisa. Ella era una persona hermosa, Gina y Mick también lo eran, pero no quería estar con la madre del hombre que se había confesado tan sólo hace unos segundos atrás. Ella no era el problema. El problema era que si la madre estaba aquí, el alemán no dudaría en acercarse a nosotros. No lo quería ver, no ahora. No después de lo que dijo. Necesitaba procesar la información, sola y sin que nadie me molestara.

"¿Nos podemos ir?" Pregunté dirigiéndome hacia mi padre.

"¿Pasó algo?" Me preguntó preocupado.

"No me estoy sintiendo bien." Mi padre asintió. Nos despedimos de Corinna con un saludo y nos fuimos hacia Arnold que nos esperaba, como siempre, en la salida de donde sea que estuviéramos. Nos abrió la puerta y nos dirigimos hacia el centro comercial "Escalier Des Fleurs". Desde que estoy en Mónaco nunca salí de compras. Este era el día, necesitaba despejarme. Arnold me dejó a mí y llevó a mi padre a un almuerzo con amigos.

El centro comercial era enorme. Cinco pisos para gastar el dinero cómo quisieras. En primer lugar, me dirigí hacia la ropa, indudablemente, estaba demasiado cara, pero por ser mi primera vez en Mónaco, quería que valiera la pena. Sin apuro, recorrí cada centímetro del lugar. Entré de tienda en tienda. En la mayoría, solo entraba a mirar, porque nada me quedaba bien. Soy bastante selectiva con la ropa. También pasé por zapaterías y perfumerías. Debo ser la persona que más perfumes tiene en el mundo, me encantan todos. Compré varios atuendos, la fecha del homenaje a mi padre estaba cerca y necesitaría vestidos. Creo que compré algunas cosas de más, pero todo lo que está en mi armario, lo uso, nada se desperdicia. También me compré maquillaje. Solo utilizo lo que es más natural posible, pero me gusta tener otros colores más fuertes para ocasiones especiales.

Amor a la Alemana | Mick SchumacherDonde viven las historias. Descúbrelo ahora