"Eres un verdadero idiota Minho, lo trataste muy mal. Es muy joven y no tiene la culpa de tus bajos instintos. Cuando decidiste que fueran novios sabías perfectamente que tendrías que esperar el tiempo necesario para que él madure"
Todo eso se recriminaba Minho, pero a decir verdad, lo cierto es que no era eso lo que le molestaba en realidad. Lo que realmente le jodía era que Taemin tenía pensado irse a vivir con el tal Kai.
Taemin no pudo dormir; se pasó toda la noche en vela pensando en el comportamiento tan descontrolado que había tenido Minho el día anterior. Ya había tomado una ducha y, mientras se cambiaba, se miró al espejo. Estaba empañado, pero con una toalla lo limpió. El reflejo que observó no le agradó nada; era la realidad, su realidad. Un mocoso escuálido, sin músculos que presumir, con una cara regordeta y una cabellera irregular, sin corte alguno.
Y ahora, que se había puesto los arillos que le obsequió la hermana Yori, bien podría pasar por una chica adolescente. ¿En qué momento creyó que Minho, todo un hombre hecho y derecho, podría realmente pensar en él en serio? Seguro que se hizo su novio para no estar solo mientras encontraba una pareja acorde a su estatus social, que por supuesto no tenía nada que ver con el suyo: un chico ex callejero, sin orígenes que comprobar.
"¿Pensabas que te había llevado a ese departamento para proponerte vivir con él? ¿Cómo se te ocurre? Ni en tus sueños más locos, Taemin".
Ya ni siquiera sabía si debía seguir trabajando en la Compañía Choi. Sus pensamientos nefastos se cortaron abruptamente cuando su celular sonó. Vip... vip...
Vio que era Minho y contestó de inmediato, pues mientras su cerebro pensaba caóticamente, su corazón se emocionaba solo con leer su nombre en la pantalla.
—¡Min!
—¡Mi amor! ¿Cómo amaneciste? ¿Soñaste conmigo?
"Claro, como si hubiera podido dormir, todo por estar pensando en ti", pensó.
—Sí, Min, toda la noche lo hice.
—Yo igual te tuve en mis sueños.
El estómago de Taemin dio una voltereta al escuchar lo dicho.
—Taem, lo siento. No debí comportarme así ayer. Tú no mereces que te trate mal.
—No te preocupes, Min. Yo te entiendo. A veces soy tan soso que no puedo llevar una charla interesante.
Minho se otorgó una maldición mental: "Eres un idiota. Arréglalo ahora mismo".
—¡Nooo, no, mi niño! Yo fui el culpable. Por favor, déjame compensarte por el mal momento que te hice pasar.
Una hora después, se encontraban frente a la entrada de un parque de diversiones. Taemin se sintió emocionado; sería la primera vez que entraría a ese lugar. Siempre había querido hacerlo, pero nunca tuvo dinero suficiente para pagar un boleto. Ese lugar era un sueño. El colorido se podía encontrar por doquier, y el griterío que se escuchaba era la antesala a la diversión asegurada. Al entrar, el olor a palomitas y algodón de azúcar hicieron estragos en su estómago.
—¿Te gusta el lugar? —preguntó Minho.
—¡Sííí! Todo es tan luminoso. ¿Nos podemos subir a todos los juegos?
—Por supuesto, mi niño. Tú elige el primero.
Taemin señaló uno en el que había naves espaciales, donde tenían que dispararles a unos extraterrestres de un solo ojo con una pistola láser. Por supuesto, él desintegró a más exonianes del planeta Exon. Minho no podía dejar de disfrutar las carcajadas que daba Taemin. Luego se dirigieron a un show de magia, y el mago pidió un voluntario. Minho fue el elegido. El truco consistió en hacerlo desaparecer, y Taemin se puso muy nervioso. Por unos instantes, creyó que su novio no regresaría jamás, pero antes de que terminara el espectáculo, a Minho lo regresaron sano y salvo. Al verlo, Taemin se abrazó a él con todas sus fuerzas.
Ese tipo de actitudes hacían que Minho muriera de ternura, pero también le ocasionaban un conflicto interior. Su novio era muy jovencito, y la diferencia de edades era muy grande. ¿Cómo sería posible que algún día tendrían intimidad? De hecho, ya pensaba que nunca la habría.
Comieron de todo, tanto dulce como salado. Taemin no paraba; iban de un juego a otro. Estuvieron todo el día en el parque, y salieron de allí cuando ya estaban cerrando. Lo mejor fue cuando se besaron estando en la cima de la rueda de la fortuna. Para cerrar con broche de oro, Minho ganó una gatita de peluche en el tiro al blanco, a la que de inmediato llamaron Kkoongie.
—Min, me divertí mucho. Gracias por llevarme. Kai se va a morir de la envidia cuando le cuente todos los juegos tan maravillosos a los que nos subimos. Te aseguro que, cuando tenga dinero, querrá que lo acompañe.
Era tanta la emoción de Taemin que ni siquiera se percató de que a Minho se le descompuso la cara al mencionar a su amigo.
—Minho pidió al Señor Kyun que los llevara hasta el mirador. Una vez que llegaron, se bajaron para admirar la ciudad. Los destellos de las luces eran multicolores. Taemin fue abrazado por la espalda, y Minho reposó la mandíbula en su hombro.
—¿Lo quieres mucho? —soltó Minho.
—¿A quién?
—A tu compañero Kai, siempre hablas de él.
—¡Ohhhhh, por supuesto! Nosotros siempre hemos estado juntos. Desde que vivíamos en la calle nos conocemos. Nos cuidamos y nos queremos como hermanos.
Minho entendía que solo era amistad y gratitud, pero su corazón no pensaba lo mismo. Le costaba trabajo procesarlo correctamente. Por lo tanto, escuchar el nombre de Kai le molestaba sobremanera, y lo peor era que debía disimularlo.
—¿Taem, quieres platicarme sobre eso? —Minho lo acunó con ternura contra su pecho, y Taemin sintió que su corazón se encogía emocionado.
—Min, no es agradable; la vida en las calles es algo de lo que no puedo enorgullecerme.
—Solo me gustaría saber cómo eras de más pequeño y por qué le tienes tanto cariño a tu amigo. Prometo que no voy a juzgarte.
—No recuerdo exactamente cómo llegué a las calles. Había una señora que se podría decir que me cuidaba. Ella siempre mencionaba que era mi tía, se llamaba Boa. Antes de morir, me confesó que no era nada mío, que me encontró en un callejón a la edad de tres años. Al verme desamparado, decidió cuidarme. En ese momento volví a quedarme solo y fue cuando Kai llegó a mi vida. Yo tenía diez años y él once; nos conocimos en la inauguración de un cine. Él iba por la comida gratis, al igual que yo.
Ese día estuve formado por horas con tal de que me dieran unos bocadillos, y cuando finalmente logré entrar, ya se había terminado todo. Me puse a llorar, estaba cansado y hambriento, y fue cuando apareció un pedazo de pizza, sostenido por un brazo flacucho idéntico al mío. Giré mi cabeza y lo vi ahí, con una sonrisa discreta. Lo agarré rápido, pensando que en cualquier momento podría arrepentirse o que quizás se trataba de una broma que ese chico moreno quería jugarme.
—Pero no fue así; él se quedó junto a mí hasta que terminé la rebanada que tan gentilmente me cedió. A partir de ese momento nunca nos separamos y terminamos viviendo juntos, haciéndonos compañía, cuidándonos en las buenas y en las malas. Él siempre me ha defendido de los demás. La única ocasión que robé algo, él se echó la culpa, pero no funcionó y yo fui acusado directamente por la víctima. Estuve en un reformatorio por seis meses.
—¿Fue Seung quien te denunció?
CONTINUARÁ...
🙁😬😱🙁😬😱🙁😬😱
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O TÚ O NADA. (2MIN)🔞🌈
Fiksi PenggemarChoi Minho se siente cautivado a primera vista por un joven huérfano cuando visita su empresa para reparar una computadora. Desde ese instante, sus vidas se entrelazan en un hermoso romance lleno de momentos memorables y dulces descubrimientos. Sin...