Capítulo veintisiete: Ángeles y milagros

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Andrea's pov


Y así lo tuve que hacer... no importaba si me estaba muriendo del dolor, si me sentía muy débil para caminar o si hasta incluso me sentía confundida acerca de todo... porque así se tenían que hacer las cosas.

Cuando la directora quería y como ella lo quería.


- Así que... ¿De eso se trataba?

- ¿Qué? Pregunté confundida

- Eso... lo del almacén. Dijo ella intentando mirarme a los ojos, pero estaba lo suficientemente avergonzada como para sostenerle la mirada. - ¿Por qué nunca me contaste que te dejó inconsciente en el almacén? Eso es peligroso, Andrea... algo aún peor pudo haberte pasado. Me regañó con profunda preocupación.

- Es... bueno, no quería meter en problemas a Halym después de todo lo que compartí con ella durante nuestra estadía en Barrett.

- ¿Qué tiene que ver Halym en todo esto?

- Ella estaba con Christin... de acuerdo. Suspiré rendida. - La verdad es que durante una mañana, Nance se acercó a mí, me dijo que Christin le había pedido ir al almacén pero tenía miedo de ir sola, por lo que me pidió que la acompañara... no tenía ni la más mínima idea, ni yo tampoco, nos encerraron allí y Halym se encargó del resto, luego caí inconsciente por el golpe que me di con el suelo y desperté con ayuda un algodón con alcohol que Nance había conseguido para mí... estaba demasiado asustada y preocupada por lo que vio pero sólo le dije que no hablara del tema... no era su culpa después de todo, de ninguna en realidad y... supongo que cuando llegué al salón minutos después solo pude dejar que mis impulsos actuaran por mí.

- ¿Sabes? Ahora todo tiene sentido... la actitud de los chicos en los días anteriores, la tuya... sólo... cualquier cosa sabes que puedes hablarlo conmigo ¿Verdad?

- Lo sé... es solo que no quería perjudicar a Hal... y sabía que si delataba a Christin tendría que delatar a Halym también o Christin la arrastraría con ella.

- Tienes un corazón de oro, Andrea. Sonrió ella. - Y estarás bien. Me susurró miss Gina a mi lado. - Yo sé que lo estarás.

- También dijo que Christin no era mala, y lo que acaba de hacer ni siquiera tiene nombre.

- Eso es cierto... lo que acaba de hacer ni siquiera tiene nombre, pero te aseguro que en el fondo no es mala. Al instante le reproché con la mirada. - Ya... no importa igualmente. Intentó cambiar de tema. - Sólo entra a la oficina y yo te esperaré aquí.

- ¿Y si algo sale mal?

- Nerviosa, eh. Rio débilmente miss Gina y algunos flashbacks de hace tan sólo unas horas volvieron a mi mente. - No será así... pero en todo caso, yo misma entraré y te defenderé ¿Sí?


No supe si acepté o no, sólo que la miré confundida y finalmente me decidí por tomar el picaporte de la puerta y entrar.

Entonces un frío aire me pasó por la espalda en el momento en el que di mi primer paso y vi a la americana aún sentada en la sala de espera, respiré profundamente una vez más y toqué la puerta de su oficina.


- Paz y bien, madre directora María Antonieta.

- Paz y bien, gracias por mostrarte... te estaba esperando. Ante eso sólo callé y cuando me hizo una señal de que me sentara en la silla, le obedecí. - Saez. Pronunció con voz áspera. - ¿Te encuentras bien?

- Disculpe. No podía evitar mostrar confusión ante su pregunta, pensé que empezaría por sermonearme... pero no, todo lo contrario.

- Te estaba preguntando cómo te encuentras por el incidente.

Los mejores meses de mi vida [Secuela After the bell rings]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora