Pasarán los años. Y no temeré a que:
Mí pelo cambie.
Mis dientes se enchuequen.
La ropa que me gusta ahora parezca ridícula ante mis ojos.
A que las arrugas enmarquen mis ojos y sonrisa.
El cuerpo se me canse.
Mí amor por la escritura desaparezca.
O que la música ya no me provoque emoción alguna.
Temo que al pasar estos años, días, horas y oportunidades. Ninguna persona me pida quedarme.
Que nadie, siquiera un alma, ruegue por mí.
¿Qué sentido tiene seguir, si hasta mí propia sombra huyó con alguien más?
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