Había llegado la noche y llevaron a Dai hasta la que sería su habitación. Era bastante amplia y estaba muy limpia. Era agradable.
La muchacha dejó sus cosas en un pequeño escritorio que había en la habitación, mientras la observaba con detenimiento, mirando en los muebles, comprobando lo grandes que eran.
Comenzó a guardar algunas de sus prendas en un armario que había. La verdad es que tampoco tenía muchas cosas, ya que Yuko le dijo que lo demás ya se lo llevaría ella en unos días, aunque aquella propuesta no le hacía mucha gracia a Dai, después de saber, gracias a su tío, que andaban muchos ladrones por allí. Justo cuando la chica se había quitado la cinta que recogía su pelo, sacó el futón para dormir, alguien llamó la puerta.
— Dai-kun, ¿puede salir un momento? Kondo-san quiere hablar con usted.
— Está bien. Ahora salgo — dijo mientras se colocaba bien su yukata y salía por la puerta.
Aún llevaba el pelo suelto, pero no importaba. Tan sólo esperaba que fuera una charla corta y que pronto se pudiera ir a dormir. Dai se dirigió a la habitación de su tío y cuando llegó, esperó en la puerta a que pudiera entrar.
— Kondo, soy Dai. ¿Puedo pasar? — preguntó, metiendo los brazos en las mangas de los brazos contrarios.
— Pasa, por favor.
Cuando abrió la puerta entró en la habitación y después la volvió a cerrar, fijándose en que su tío la esperaba con una amplia sonrisa en los labios. La muchacha se dirigió a él y se sentó de rodillas en el suelo, mirándole fijamente.
— ¿Para qué me has hecho llamar a estas horas? — preguntó con curiosidad.
— Bueno, hace poco descubrimos que un clan enemigo se había ocultado en algún lugar cercano. Pensamos ir a atacar cuanto antes, pues, si no lo hacemos nosotros, ellos se nos adelantarán. Quería preguntarte si querías participar. ¿Te ves con fuerzas?
— ¿En serio me estás preguntando eso, tío Kondo? — rió a carcajadas al escuchar la petición de su tío —. Por supuesto que me veo con fuerzas. Si no fuera así, no habría venido, ¿no crees?
— Lo sé, pero... ¿Estás segura? No hace mucho me dijiste que te habías hecho daño en la muñeca de una de tus manos y que probablemente te retrasarías en lo de venir aquí, para esperar a que se curara.
— Tranquilo, mi muñeca está perfecta — sonrió ampliamente, remangándose las mangas de su yukata, moviendo un poco la muñeca para mostrarle que estaba perfectamente—. ¿Ves?
Kondo se acercó a ella y palpó su muñeca, apretándola un poco mientras miraba a su sobrina, esperando a ver si hacía alguna mueca de dolor, pero no fue así. De esa forma pudo estar un poco más seguro de que de verdad estaba bien. Después, agarró un mechón de pelo de la joven, acariciándolo mientras lo soltaba de nuevo.
— Me recuerdas a tu madre — susurró con una débil sonrisa en los labios.
La muchacha, algo avergonzada por lo que le había dicho, se dio la vuelta, aunque un poco entristecida al tener que haber recordado a su difunta madre.
Aunque el muchacho no la viera, Dai tenía una mueca un tanto triste en la cara.
— Me gusta tener el pelo tan largo como ella... — susurró también, girando el rostro para mirar de reojo a su tío.
— Me hubiera gustado verte alguna vez como una dulce y bella dama, en vez de como un samurái que quiere luchar por su honra.
— Algún día, puede... Por ahora...

ESTÁS LEYENDO
Nunca te fíes de las apariencias. [ EDITANDO ]
Historical FictionNos situamos a finales del periodo Edo o, como también es conocido, periodo Tokugawa, en Japón. Era la época más conocida por los samuráis que luchaban por su Shogun. Aquellos guerreros estaban compuestos sólo por hombres, sólo unas pocas valiente...