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Adora se había recuperado, logró salir del hospital y, por descarte, terminó instalada en la casa de Bow.

No era muy distinta a su casa, pero le alarmaba un poco el hecho de que era una casa, no un departamento.

Ya no se encontraba 10 pisos arriba, donde podía abrir la ventana sin preocuparse por más que algún pájaro entrando a la casa, donde las personas se anunciaban antes de estar en la puerta.

Respiró profundo, pensando.

—Al menos las ventanas tienen rejas decentes—susurró para sí misma.

Comenzó a desempacar el pequeño bolso que había llevado al hospital, a limpiar un poco.

Recorrió la casa, la habitación, el baño, el pequeño jardín y una pequeña sala que conectaba a la cocina mediante una barra.

No había televisor, lo cual no le sorprendía cuando pensaba en Bow. Él era más de escuchar la radio antes de ir a trabajar.

Era hogareño, pero había demasiado silencio. Y, aunque suene algo ridículo, le daba algo de miedo la radio.

Se duchó, se vistió y partió hacia el supermercado en busca de su cena y desayuno del día siguiente.

Llegando a la casa, bajó del auto con todas las bolsas en la mano, sin molestarse en varios viajes. No porque no pudiera, fuerza no le faltaba. Tenía menos que antes debido al reposo, pero habían sido unos días, su cuerpo no había cambiado demasiado.

El problema era la calle.

La paranoia.

Adora no se sentía segura.

Ir al supermercado con veinte ojos, prestar atención a los pasillos, aparte de la comida que tenía que llevar, observar los suelos cercanos de no ver reflejos de agujas tan pequeñas y finas que pasarían desapercibidas, ver los mismos rostros del pueblo y aún así no saber en quién confiar.

Fue una pesadilla hecha realidad.

Pensando qué hacer, en pleno miedo, guardó las compras y partió una vez más, a diferencia del destino.



—Applejuice. Tienes visita, levántate.

Catra se sentía de mal humor, horroroso humor. Sus ojeras eran notables, su rostro estaba demacrado, pero aún así su papel de causar terror en las "jefas" de la pequeña cárcel seguía en pie. No importa las horas de sueño que le faltasen, ni qué tanto la atormente su propia cabeza, nadie más la tocaría ni la rebajaría.

Caminando en plena ira, pensaba que la visita se debía al caso y que le iban a dar la mala noticia de que encontraron evidencia en su contra, lo cual era muy posible después de su conversación con Prime, pero grande fue su sorpresa al ver una conocida melena rubia de espaldas al ventanal de la sala de visitas.

Entró, en silencio, cautelosa, siendo observada por aquellos ojos celestes que se veían tan ansiosos al notar su presencia, y tomó asiento frente a ella.

—Hey Adora.

Detrás de rejas [Catradora]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora