Nunca quise estar aquí: atada en la cama junto a una asesina en serie.
Cuando la seguí a casa, solo estaba interpretando a Nancy Drew. Tratando de descubrir su secreto. Su beso era embriagador, y pensé que ella era inofensiva.
Estaba equivocada.
Nan...
Quería vomitar. La había roto. La había envenenado con mi persona, con la oscuridad.
Y ahora ella quería morir.
Me puse unos pantalones. Entonces saqué un cuchillo de un cajón. Sus ojos no se ensancharon, pero sus pupilas ya estaban asustadas cuando miró la hoja en mi mano.
¿Todavía piensa que podría matarla?
—Perdóname —de nuevo me disculpé. El sentimiento de culpa me absorbió desde dentro y me enfermó de miedo. Yacía allí, inmóvil y desnuda, cubierta de lágrimas. Sucia con mis pecados. Fui a la puerta.
—No —dijo ella—. Amity.
—Perdóname —la puerta se cerró detrás de mí. La cerré con candado.
—¡No! —gritó desde detrás de la puerta. Sus puños golpeaban la superficie, sus gritos sonaban tan lejanos—. ¡No, Amity! ¡No!
—Perdóname —me dije mientras bajaba las escaleras hasta el sótano.
Estaba oscuro allí. Me acosté en el frío suelo y cerré los ojos. La sombra siempre será parte de mí. Decidí entonces que la envolvería con mi cuerpo para que ya jamás lastimara a nadie. No me gustaría infectar el mundo exterior. Pasaron las horas, no comí, no bebí. No lo merecía. Mentí sobre lo que estaba haciendo. Los hombres que mataba eran monstruos, pero yo era peor que ellos.
No merecía nada más que oscuridad.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Luz POV.
Cuando sacó el cuchillo del cajón, me quedé inmóvil.
¿Me daría lo que pedí? Le había dicho que me matara, pero cuando puse mis ojos sobre ella, me di cuenta de que no quería morir. Ella me hizo sentir viva. Y quería vivir.
Casi sonreí, era tan extraño. Después de todo lo que me hizo... solo quería vivir ahora.
Pero no me mató. No me amenazó con el cuchillo. En cambio, lo deslizó detrás de su cinturón y se fue. Comencé a golpear la puerta en cuanto me di cuenta de lo que estaba haciendo.
—¡Amity!
Iba matar a alguien, estaba segura.
Golpeé el marco de la puerta, gritando con todas las fuerzas en mis pulmones.
—¡No, no lo hagas! ¡Amity!
Me escuchó, lo sé. Sus pasos se alejaban. Puse mi oreja en la puerta y la oí bajar las escaleras.
—¡AMITY!
Si mataba alguien por mí...
—No —susurré—. Amity...
Su nombre estaba atorado en mi garganta.
Ella era ahora mi mundo entero. Y para ella, solo era un juguete con el cual jugar cada cierto tiempo. Nunca me amó. Y ni siquiera sabía si era capaz de amar. Pero las emociones en mí crecieron y crecieron, y no pude deshacerme de ellas.