NEW VERSION: XVIII.

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LONDRES, INGLATERRA

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LONDRES, INGLATERRA. | HAYLEY.

Nos encontrábamos en la mansión de los Clynner observando a Peter roncar como un viejo sucio de cincuenta años. Yo y la empleada de Masen de la cual no sabía el nombre, pero había venido a traerle el almuerzo a mi mejor amigo, que la rechazó para continuar roncando en la cama King.

Ya habían pasado dos días desde que me había reencontrado con Peter y por lo que veía, él ya se estaba adaptando a la casa. Puesto a que había oído escuchar a Masen decir que Peter se quedaría con nosotros hasta que nos tengamos que mudar nuevamente a Italia.

Me ponía feliz y me quitaba el aburrimiento, ya que esta era una casa demasiado grande para estar caminando sola por los largos y anchos pasillos blancos, puesto que esta casa era blanca, blanca y blanca como todas las mansiones de los ricos, incluyendo la mía. Solo que la mía tenía un poco de color.

—Señorita, me voy a retirar a ver si el señor Masen necesita algo. — dice la empleada con una sonrisa en su rostro. No parecía obligada a trabajar aquí, sino todo lo contrario, lucía feliz de estar atenta de Masen todo el maldito día.

—¿Dónde se encuentra Masen?

Abre sus ojos como si la estuviera amenazando a muerte y contesta rápido: —El señor pide que lo dejen solo cuando está ocupado.

Ajá. Pero ella quiere ir a ver si necesita algo. Al parecer si voy a tener que amenazarla a muerte. Rodeo los ojos y me cruzo de brazos en frente suyo para observarla mejor. Tenía mi altura, ojos oscuros y era castaña naturalmente, pero con tintura de rubio, lo notabas mirando su cabello.

—No pregunté si quería que lo dejaran solo, pregunté dónde se encuentra él.

Aprieta sus dientes y transforma su rostro tranquilo a uno completamente enojado. El estúpido de Masen se cogía a la empleada. Se me llenaba el cuerpo de rabia saber que podría estar pasando eso y también me enojaba tener celos por una empleada que nunca había visto en mi vida.

—Está en el gimnasio, señora Clynner.

Costó un poco, creo. Le dedico una sonrisa y paso por su lado para perderme en esta maldita mansión buscando el gimnasio. Si hubiese sido más amable, le preguntaba dónde queda el lugar, pero como se comportó como una mujer en celo, no pensaba preguntarle nada.

Caminé por tres pasillos en total, encontré alrededor de veinte habitaciones vacías, también una biblioteca, una sala de instrumentos y hasta una sala de entretenimiento donde había para jugar a los bolos. Aquí nunca nadie se aburrirá, ya entiendo por qué prefieren quedarse en Londres cuando el C.O.A.D. los persigue.

Conocí toda la casa, pero fue en vano, ya que el gimnasio se encontraba en el piso subterráneo, donde también había una piscina climatizada, una sauna y un cine. Un maldito centro comercial parecía esta casa.

Obsesión Desafortunada ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora