Capítulo 5

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Llevo dos horas sentada en el avión, con la peluca rubia de nuevo, las gafas de sol puestas y escuchando música de mi iPod para intentar evadirme de la realidad. Suspiro, apoyo la cabeza en la pared mientras miro por la ventanilla las nubes blancas que envuelven las alas del avión, y recuerdo que todavía nos quedan dos horas de viaje hasta Escocia. Siento la mano de Savannah sobre la mía y cuando la miro me pregunta si quiero algo de comer, niego con la cabeza y vuelvo a mi mundo, no he dicho ni una sola palabra desde el embarcadero. Estoy aterrada. No sé como conseguí que de mis manos saliese toda esa energía, no sé si me volverá a pasar y lo peor de todo es que no sé como controlarlo.

Cuando me desperté Gabriel y Savannah estaban a mi lado, todavía no saben muy bien como es posible que pasara de no tener nada de poder a lo que he hecho hace apenas unas horas, pero gracias a Dios me aseguraron que al chico, aparte de unas cuantas heridas bastante feas, no estaba muerto. Pero aún y así, el que estuviese a punto de matar a alguien me asusta horrores, en estos momentos lo único que quiero es ver a mi madre y que me explique todo lo que sepa. Mi madre... me llevo la mano a mi cuello para coger el colgante que me dio y tranquilizarme pero no está, me alarmo y entonces recuerdo el forcejeo que tuve con el chico en el embarcadero, seguramente se me debió de romper y perder en ese momento. Genial.

Al final, el resto del viaje en avión no se me hace tan largo y cuando menos me lo espero ya estamos en Edimburgo. Al aterrar, cogemos nuestras mochilas y salimos del aeropuerto en busca del coche de Gabriel, que según me han dicho lo dejaron aparcado hace cinco meses en la calle cuando me vinieron a buscar.

-¡Mira todavía sigue aquí!. -Bromea Savannah.

El coche que aparece ante nosotros es un Land Rover de color oscuro que, o bien es nuevo, o Gabriel tiene un TOC con la limpieza de su coche.

-¡Dios menos mal!. -Dice él aliviado. -Ya pensaba que no lo volvería a ver más.

Dejamos las mochilas en el maletero y al subir al coche pregunto:

-¿Hacia dónde vamos?.

Veo expresiones de sorpresa por parte de los dos por haber decidido hablar por fin.

-Cerca de Inverness, a una media hora de la ciudad. -Contesta Savannah.

-¿Inverness?, ¿Dónde se produjo la batalla de Culloden?. -Pregunto sorprendida.

No sé por qué pensaba que nos quedaríamos por Edimburgo.

-Sí, ¿Qué pasa?, ¿Tú también has visto Outlander?. -Pregunta Gabriel con ironía.

-Por supuesto. ¿Realmente creías que me iba a perder a Jamie Fraser en acción?.

-No sabes cuanto te entiendo. -Me apoya Savannah.

-¿En serio solo veis la serie por el tío?. -Pregunta Gabriel sarcástico.

-Ni que tú no hicieses lo mismo. -Contraataca Savannah.

-En realidad la empece a ver para saber más cosas sobre el país donde nací ja que mi madre, como muchas otras cosas, no me contaba nada.

Se hace un silencio en el coche, realmente estoy cabreada con mi madre por ocultarme tantas cosas y necesito hablar largo y tendidamente con ella.

Tardamos casi tres horas en llegar a Inverness y durante ese tiempo he podido observar los cambios de paisajes en el trayecto. Pasamos de ciudades grandes como Edimburgo, llenas de carreteras y autopistas, a pueblecitos de diferentes tamaños donde cada vez abunda más la naturaleza. Las carreteras por las que viajamos son pequeñas y a lado y lado de estas hay árboles, montañas y explanadas de hierba verde por donde vemos ovejas, sobre todo cuando rodeamos Cairngorms National Park. Al llegar a las llamadas highlands de Escocia, el paisaje se vuelve todo verde, hay mucho bosque y explanadas por todos lados, pero lo mejor de todo es cuando a mi derecha aparece el Lago Ness y puedo ver todo su esplendor. Estoy tan ensimismada con el paisaje que no me doy cuenta de que el coche ha parado, al escuchar un portazo salgo del coche corriendo y es entonces cuando descubro donde estamos.

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