Me despierto a las diez de la mañana y después de haber dormido unas quince horas, estoy como nueva. Me levanto de la cama y me voy directa al lavabo a pegarme una buena ducha. Me deja con la boca abierta lo grande que es, si lo comparo con los demás lavabos que han tenido las casas o pisos en los que he ido viviendo a lo largo de mi vida, este es como la suma de todos los demás juntos. Tiene una ducha y una bañera con patas de la que me enamoro nada más verla. ¡Ya sé donde me voy a bañar!. Abro el grifo para que se vaya llenando y mientras lo hace, salgo del cuarto de baño y miro la habitación en la que me encuentro por primera vez. Es como si estuviese en un hotel de cinco estrellas. ¡Madre mía! La pared empedrada, el gran ventanal y la cama con dosel de madera me transportan al siglo XIV, pero los demás muebles, aunque sigan siendo de madera, son más actuales. Por lo que pude ver ayer, todo el castillo sigue la idea de mezclar lo antiguo con lo nuevo y es algo que me recuerda a la ciudad de Estambul. Veo una segunda puerta al otro lado de la del baño y cuando la abro me encuentro con un ropero lleno hasta arriba de ropa, zapatos, bolsos, complementos, y mil cosas más. Tengo que hablar con Nicolas, porque si todo esto es para mi pienso pagárselo.
Vuelvo al lavabo y como la bañera está ya por la mitad, cierro el grifo, hecho unos polvos que encuentro por los armarios de la pica y me meto dentro rodeándome de espuma. ¡Dios que bien me sienta!, Pienso hacer esto cada día cuando me levante. Después de una media hora en remojo, salgo de la bañera, me seco y con la toalla envuelta alrededor de mi cuerpo me voy al superarmario. Opto por unos tejanos ajustados y una camiseta sencilla de color amarillo, me peino el pelo todavía mojado y salgo de la habitación.
Como no sé ni donde estoy, recorro el pasillo y al encontrar unas escaleras, las bajo ¡Esto es un laberinto!, sigo caminando y finalmente me encuentro con uno de los hombres de ayer.
-Buenos día señorita, ¿En qué puedo ayudarla?.
Uff como me chirría lo de señorita.
-¿Sabe dónde está Nicolas?.
-Está en las cocinas, sígame. -Dice y después de hacer un gesto con la mano comienza a caminar.
Sigo al grandullón mientras intento quedarme con el camino para no ir perdida todo el rato, recorremos varios pasillos y finalmente llegamos a un gran salón, lleno de sillas y mesas, muy bien decorado y con varias personas comiendo, que se encuentra al lado de las cocinas. Empuja las puertas y nada más que entro veo todo el movimiento que hay dentro: cocineros para arriba y para abajo, acabando platos, empezando otros, decorándolos, otros fregando platos, limpiando las encimaras, ¡Qué estrés!.
-¡Nicolas!. -Le llama y este mira hacia nosotros.
-Hola Aníbal, gracias por traerla.
¡Anda ya sé como se llama el grandullón!
-De nada. -Dice este, que asiente y se va.
-¿Cómo has dormido?. -Me pregunta Nicolas con una sonrisa.
-Muy bien gracias. -Me siento en uno de los taburetes de la isla que se encuentra en medio de la cocina, y miro a mi nuevo hermano, está vestido de un blanco impoluto como todos los demás cocineros y me hace gracia verlo con el uniforme. -No sabía que eras cocinero.
-Sí, hice un curso hace bastantes años y cuando recibí el castillo lo vi como una gran oportunidad para hacer un restaurante. Así también le daba trabajo y un lugar donde dormir a todos los Wicca que lo necesitaran, y la verdad es que no nos va nada mal.
Dice y entonces caigo en la cuenta, empiezo a mirar a mi alrededor a toda la gente que trabaja y por primera vez siento algo en el aire, es como una energía muy débil que avisa que estoy rodeada de gente como yo.
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AIRE
Fantasía¿Cómo te sentirías si de repente descubres que tu familia te ha estado mintiendo hasta ahora?. Ya te lo digo yo, perdida. Así es como me sentí cuando descubrí que vivía en un mundo que no creía posible, dónde las brujas y sus poderes son las protago...
