Todos dormíamos.
Eran las cuatro y media de la madrugada, cuando una fuerte tormenta invadió el pueblo. Tenía la ventana abierta y el aire frío me mordía la piel. La cerré y oí cómo alguien corría y gritaba como si esa persona estuviese poseída.
Agradecí que las paredes fueran insonorizadas porque si no, juro que hubiera despertado a toda la provincia.
Supe que era Hazel, porque no podía ser nadie más. Me dirigí apresurado a su cuarto pensando que le había pasado algo.
Nos cruzamos a medio camino, en el vestidor que separaba mi habitación de la suya.
Lucía asustada, sus extremidades, en especial sus manos, temblaban al igual que sus labios. Se arrimó a mí lo máximo que pudo, sin pensárselo y le correspondí el abrazo, aún procesando lo que había pasado.
Hazel tenía miedo.
No pude creer que estaba haciendo eso. Me había levantado de mi cama para ir a socorrer a mi súper mejor amiga ─ nótese la ironía ─ Hazel.
Recordé que con Lynn pasó algo así.
♕♕♕
─ Calma, Lynn, solo es una tormenta, todo estará bien ─ besé su frente, con el ápice de tranquilizarla ─. Duerme tranquila.
♕♕♕
Recordé también el último día que la vi, y que hablamos.
♕♕♕
─ Escúchame, Aaron ─ Lynn, con sus últimas palabras, me agarró de las manos, las cuales estaban heladas. Sentía un horrible ardor en el pecho ─. Prométeme que, cuando yo muera, encontrarás a otra persona y la amarás igual que lo hiciste conmigo.
─ Lynn... ─ Una lágrima se escapó de mis ojos.
─ ¿Promesa?
─ No prometo nada, Lynn ─ la voz se me quebró.
─ Hazlo por mí, hazme feliz desde donde quiera que vaya a estar ─ recibí una sonrisa triste por su parte.
Auch.
─ Está bien, trataré de hacerlo.
Minutos después, su cuerpo estaba sin vida.
♕♕♕
─ ¡Lynn! ─ exclamé desesperado. Asimilé todo lo que pasó. Hazel tenía la misma expresión de horror debido a la tormenta. Lynn no estaba conmigo, ni nunca más lo haría ─. Joder ─ pasé mis dedos por mi cabello ─. Perdóname, Hazel.
Otro trueno retumbó y Hazel huyó a su habitación. Anduve tras ella y la encontré hecha una bolita y arropada hasta arriba con la sábana. Se veía tierna asustada.
Para el carro, Aaron, no es tu novia ni tu flechazo desde hace tres años, es una chica que acabas de conocer, no vayas a enamorarte como un idiota. No tiene tantas virtudes.
Me tumbé con ella, pero no hizo mucho efecto porque seguía temblando y con gestos faciales que representaban miedo. Entrelacé su mano con la mía y automáticamente se relajó. Su cuerpo se liberó de tensión en el mismo instante en el que su piel tuvo contacto con la mía.
No. Puedo. Creer. Que. Esté. Haciendo. Esto.
Primera y última vez que lo hacía.
Odiaba el contacto físico.
Pero yo quería dormir, y para dormir, ella tenía que callarse.
Tuve que hacer un sacrificio.
─ Tranquila, Hazel. La tormenta pasará, poco a poco ─ aparté cuidadosamente el cabello rubio sedoso de Hazel, poniéndolo detrás de su oreja. Definitivamente, ella no era Lynn.
Vaya, qué romántico, cualquiera diría que os conocéis desde hace diez años. ¡La conoces desde hace aproximadamente un día, por Dios! ¡Además, no nos cae bien!
Sus ojos entre verdes esmeralda y azules turquesa relucían más que nunca. Sus ojos asustados, como un cordero, con un toque cristalino, se cerraban cada vez que el cielo descargaba un estruendo. Sus ojos miraron fijamente a los míos. Así estuvimos por varios minutos. Solo mirándonos.
Incomodidad.
─ Ya está pasando la tormenta ─ puse mi mano sobre su mentón cuidadosamente ─. ¿Estás más calmada?
«¿Te ves ya capaz de callarte y dejarme dormir?» pensé.
─ Sí, pero no te vayas ─ suplicó ─, no es por nada, es que tengo fobia a las tormentas, necesito a alguien a mi lado en estos casos, sea quien sea y le conozca de lo que le conozca.
─ No lo iba a hacer, tranquila ─ mentí descaradamente.
Una parte de mí ─ una bastante grande, a decir verdad ─ quería irse de allí y mandarla a la mierda como hacía con todas las personas de mi alrededor. Socializar no era lo mío.
Sus manos delgadas y finas volvieron a hacer esos mismos movimientos que hizo que viajara a otra galaxia. Y lo peor de todo era que lo hacía inconscientemente.
Sus manos estaban sobre mi torso, haciendo círculos sobre la tela de la camiseta, mientras que yo estaba en un jodido paraíso. Puse mi mano en su hombro y sin saber muy bien por qué, me quedé observando cómo poco a poco el sueño se apoderaba de ella.
Cuando por fin se apoderó de mí también, antes de cerrar mis ojos para no abrirlos hasta las ocho de la mañana, antes de cerrarlos oficialmente, solté su mano y me separé un poco de ella, para que ambos tuviéramos más comodidad.
No me molestaba del todo estar ahí y lo odiaba, quería pegarme cincuenta tiros y ochenta golpes a mí mismo por eso, era algo totalmente nuevo. Y jodido.
Un amor-odio.
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¿Promesa? [✔️ COMPLETADA] ©
Teen FictionCanadá, un bonito país, una buena realeza y un futuro rey de veinte años condenadamente guapo. Aaron debe buscar una esposa para convertirla en reina con él, allí es donde conoce a Hazel. Una campesina de apenas diecinueve años que es obligada por s...