"Ellos destrozaron a mí mundo, ya es hora de que yo destruya el suyo."
➳ prohibido copias/ adaptaciones
➳créditos al autor original de las joyas de la princesa
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Ariana se mordía su uña, estaba desesperada. Él volvería al palacio y eso solamente significaba malas noticias. Aiden de Secramise, el primer príncipe de Secramise, su mayor enemigo para obtener el trono. A pesar de que Aiden era el hijo de una concubina, él era capaz de darle pelea para obtener la corona.
Las joyas se miraron entre sí. ¿Quién volvería al palacio? ¿Quién era esa persona para lograr que la princesa se encuentre en tal estado de nerviosismo?
—Princesa. — Raymond se agachó para quedar a la altura de la princesa quien estaba sentada en un sillón. — ¿Quién volverá al palacio?
— ¡Atención! ¡Su alteza el príncipe Aiden de Secramise! —anunció un guardia haciendo que Ariana se levante del sillón.
Estaba aterrada.
—Él ha vuelto...—murmuró.
Todos miraron hacia las puertas que fueron abiertas por los guardias, los concubinos lograron ver la silueta de un hombre. A medida que él avanzaba fue cuando los demás lograron ver su rostro. Todos tuvieron el mismo pensamiento.
Es hermoso.
—Mi querida Ariana. —sonrió Aiden. — ¿Cómo has estado? ¿Me has extrañado? —preguntó mientras se acercaba a ella. — Yo te he extrañado, no ha habido noche en la que no he pensado en ti.
—Es una pena, mis oraciones no han funcionado. —Aiden sonrió al escuchar las palabras de Ariana, ya deseaba ver la cara que pondría al ver lo que tenía para ella.
—Tengo un regalo para ti. —Su sonrisa se ensanchó al ver la cara de desagrado de su media hermana.
—No deseo nada que venga de ti.
— ¡Isaac!
Un elegante hombre ingresó a la habitación con un gran baúl. Los concubinos estaban curiosos por lo que habría allí adentro.
—Cuando lo vi, no pude evitar pensar en ti, mi querida Ariana—comentó mientras le acariciaba el mentón. —Ábrelo.
Isaac dejó el baúl en la mesa y reverenció ante la princesa. Ariana se acercó y miró a Aiden con desconfianza, para luego abrir el baúl.
— ¡AHH! —gritó horrorizada. — ¿Qué es esto?
Las joyas se acercaron al baúl y todos se habían quedado estupefactos al ver qué había allí adentro. Era la cabeza de un humano.
—¿No lo reconoces? Es el espía que enviaste para asesinarme mientras dormía. Lamento informarte que soy una persona que se despierta muy fácilmente—dijo mientras se encogía de hombros. —Déjame darte un consejo. La próxima vez, envía a alguien más competente —sonrió mientras se dirigía a la salida. —Ha sido un gusto volver a verte mi querida Ariana.