2 - Volver a empezar

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Una semana atrás

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Una semana atrás

¿Cómo explicar que este divorcio me trae alivio y decepción?

A medida que estampo mi rúbrica – larga y con mucho firulete, poco útil para casos como este en el que hay mil papeles por firmar – voy largando mi respiración de a sorbitos. He estado casada por cuatro años con un hombre maravilloso.

Conocí a Federico en el Hospital de Clínicas mientras finalizaba mi residencia en medicina. Era uno de los médicos de plantilla recién ingresados, súper capacitado y de esos tipos que se saben lindos y tienen a toda las enfermeras, estudiantes, pacientes y personas con pulso, suspirando con cada paso que él da.

Yo no fui la excepción.

Pasando largas jornadas juntos, exigiéndome al extremo e intentando ser la mejor de mi grupo, lo que comenzó con un simple café terminó en una boda un año más tarde.

Federico Norton lo era todo: carismático, inteligente, atractivo, trabajador, gran profesional, un excelente amante...hasta que yo la cagué.

La cagué al sentirme atraída, inexplicablemente, por uno de sus amigos con los cuales jugaba fútbol los martes por la noche. Nicolás era atractivo a su modo, un tanto serio y con aspecto de intelectual.

Me sentí atrapada en un juego de miradas, en palabras por chat que luego se borraban y cafés a escondidas cerca de su trabajo.

Hubo un solo beso, lo juro.

Un solo beso que bastó para demostrarme que no estaba actuando bien y que evidentemente, estaba irrespetando a mi pareja con mis actitudes poco maduras. Esa misma noche llegué llorando al departamento que compartíamos desde un tiempo antes de casarnos con Fede, me desplomé en el sofá y como no podía ser de otro modo, mi pareja se me acercó e insistió para que le cuente qué me pasaba.

Y vomité mi verdad.

Que mis sentimientos habían cambiado, pero no reconocía con exactitud cuándo ocurrió.

Que me sentía muy cansada por las noches para tener sexo.

Que tantas horas en el trabajo estaban consumiéndome.

Que, que y más ques...

Razones que brotaron de mi boca como una catarata y no encontraban fin.

Federico me miró con esos hermosos ojos color miel, contrajo su mandíbula cuadrada y se puso de pie. Dio un par de vueltas por el comedor mientras yo lloraba y lloraba, cubriéndome la cara y sabiendo que estábamos a un paso del abismo.

―No hay vuelta atrás. ―sentenció. Ni siquiera lo cuestionó.

Desde un primer momento nos prometimos una relación sincera. Incluso, hablar de honestidad fue parte de nuestros votos matrimoniales, y aunque la cosa no había pasado de un beso con un poquito de lengua con Nicolás, ambos sabíamos que esto había sido la crónica de un final anunciado.

"Rafe: corazón carioca" - CompletaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora