Rafe era un consagrado jugador de fútbol, millonario e indisciplinado, adorado por los chicos y envidiado por los grandes, hasta que conoció a la chica que salvaría su vida.
Años más tarde, cuando la esperanza por encontrarla era casi nula, el ciel...
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A la mañana siguiente, después de "nuestra primera pelea de novios", hacemos el amor. No hay trocito de piel que Rafe no me haya besado ni postura rara que mis piernas no hayan hecho.
Sin embargo, hubo un momento en que no todo fue gloria y pasión; aunque trató de ocultarlo, al terminar con el acto sexual, él estaba más agitado que de costumbre y pálido como nunca.
No quise atosigarlo con preguntas ni admitir que reconocía su malestar, sino que esperé por su reacción.
Al acabar, tomó asiento en el extremo de la cama y solo dijo que "se había mareado". Lógicamente, no le creí, pero aguardé un poco más hasta que él decidió ponerse de pie y darse una ducha de inmediato, algo que yo no hubiera recomendado ante una posible descompensación en la bañera.
¿Qué hice entonces? Con la excusa de querer acompañarlo, me metí junto a Rafe y jugueteamos un rato, sin riesgos, lo cual me permitió observarlo con detenimiento. Su rostro ceniciento recuperó el color y su buen ánimo salió a flote; no obstante, no me quedé tranquila y me prometí continuar con el seguimiento visual en secreto.
Durante la semana, mis horarios complicados y sus entrenamientos impidieron que conectáramos; le dije que necesitaba descansar y aunque protestó, entendió que era mi deber profesional estar con todas las luces prendidas.
La noche del jueves hablamos por videollamada: el viernes viajaría con su equipo a la ciudad de Curitiba, cuestión que lo tendría concentrado y atento a su nuevo match. Tampoco sería de la partida, algo que los programas de deportes lo remarcaron con saña.
¿Lesión oculta?¿Problemas con sus compañeros?¿Discusiones con las autoridades del club?¿Otro nuevo equipo con la vista puesta en él? ¿Sustancias ilícitas?¿Mujeres?
―No te dejes llevar por lo que dicen los cronistas, ya no saben qué inventar ―afirmó, convencido de que las habladurías en torno a su figura no tenían asidero.
―Mucha suerte y ojalá hoy el técnico cambie de opinión y te ponga un ratito ―le tiré de la lengua. Pero él, como buen gambeteador que es, esquivó bien el obstáculo.
―Nos vemos el domingo, minha beleza.
Esa conversación fue breve.
Hoy temprano desperté con un mensajito con muchos besos y corazones. Suspiré como una colegiala de quince ante su primer amorcito. Remoloneé un poco aprovechando que era sábado y hablé con Marina, deshaciéndome en elogios hacia Rafe.
Elogios en todos los aspectos.
―Se ve que es de familia eso de estar bien dotado. ―Largó ella y tal como supuse, Pablo - su futuro marido - no estaba alrededor.
Por la noche, preparada para disfrutar del partido del Flamengo contra el Club Atlético Paranaense, espero porque el delivery me traiga la pizza antes de que empiece el juego. He descorchado un vino y aunque no combine mucho con el menú, no me interesa.