Capítulo XX

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Las heridas nunca sanaron y Camila no encontró la forma de como eliminar el dolor, pero si aprendió a sacar los pensamientos dolorosos de su cabeza por largos periodos de tiempo, aprendió a como ir por la vida y volver abrazarse a la esperanza, comprendió con pesar que, aunque no quisiera afrontarlo la vida seguía, que debía luchar por ella misma y por la memoria de Lauren, quien aunque no estuviera, sabía que se alegraría de verla sonreír nuevamente. 

Pasado casi un año del fallecimiento de Lauren, Camila volvió a la realidad, dejó de visitar la tumba de la inspectora todos los días, poco a poco fue haciéndolo cada dos días, luego a la semana y por ultimo, mensual, sabia que llevar esa rutina la estaba estancando, que nunca podría superarlo si lo mantenía latente en su vida, fue por eso que decidió con tristeza dejar todo atrás. 

Nunca logró perdonar a Austin, incluso su matrimonio llegó a un punto en el que simplemente hablaban sus miradas, no se hablaban y hacían como si el otro no existiera, el chico se dejó caer en el alcohol y las drogas, ahora que era jefe de un gran cartel de drogas y negocios sucios más que nunca, se creia el dueño del mundo, de lo que nunca se pudo escapar fue de las atrocidades que le hacía cuando llegaba completamente borracho en altas horas de la noche. 

-Ya no puedo seguir en esto, debemos divorciarnos - le dijo Camila casi en un susurro, tapando su desnudez con asco y vergüenza. 

-Te he dicho mil veces que eso no va a pasar, me gusta follarte cuando me dé la gana, me gusta salir a eventos importantes contigo, me representas, eres elegante y hermosa, no necesito nada más - le respondió, mientras subía su cremallera. 

-No tienes ni la más mínima idea de cuanto te aborrezco y el asco que me das - le dijo con furia, dejando caer unas lágrimas. 

-Lo se, yo tambien te odio Mila, pero así es la vida - le contestó, tomando el mentón de la chica con delicadeza tratando de darle un beso en los labios, pero la Cabello se quitó de golpe, dejándolo en el aire con una sonrisa victoriosa. 

Ese día y como recompensa por tener que aguantar el cuerpo sudoroso y maloliente de su esposo borracho, la vida le regaló la oportunidad a la chica Cabello de pasar un fin de semana sin él, tomó sus cosas y se dirigió a casa de sus padres en donde pasaría esos días en paz y sin tener que percibir el olor de Austin por cada esquina. 

Al instalarse en la habitación tomó su móvil y marcó el número de Ally, necesitaba salir y despejarse un poco, desde hacía unas horas que no se encontraba bien. 

-Si no te sientes bien, podemos quedarnos en casa - le dijo Ally. 

-Que va, lo que necesito es aire fresco, percibo el perfume del maldito de Austin en cada esquina de mi, que puto asco joder, quiero vomitar - expresó con repulsión, colocándose la mano en la boca. 

Ally la miro con atención notando la palidez en la piel de su amiga y el mal aspecto que tenía, pero intentar hacerla cambiar de opinión  era en vano, Camila Cabello era una chica muy cabezotas y no cambiaría de opinión. 

-¿Desde cuando te gusta el helado de fresa? - pregunto la chica Brooke con extrañeza. 

-Hasta yo estoy asombrada, antes me daba asco, ahora siento que es lo mas rico que he probado en mi vida - le respondió, mientras daban un paseo en un hermoso parque. 

-¿Cómo lo llevas?, ¿te sientes bien del todo? 

Ally no había tenido las agallas de preguntarle a Camila sobre Lauren, pero la notaba ahora tan diferente que necesitaba saber que pasaba en su mente, una de las cosas que su carrera le ha enseñado es que una persona casi nunca está en completa paz y alguien que ha pasado tanto como Camila, mucho menos, su cabeza tenía que ser un mundo inexplorable ahora. 

-Pienso en ella a diario, estoy tan enferma que para aguantar cuando Austin me folla, cierro los ojos y me imagino que es ella, ya no siento esas ganas de morir, peor aun, no siento nada - le confesó, dejando escapar un suspiro. 

-Son etapas duras, pero las estas pasando y eso es lo importante - le consoló la chica Brooke, acariciando la mano de su amiga. 

De un momento y sin previo aviso Camila se levantó del banco con sus manos en la boca, una fuerte náusea la tomó en ese momento y sin poderlo evitar descargo todo afuera, Ally se levantó al mismo tiempo asustada y tomó a Camila por los hombros y trató de calmarla, pero parecía que Camila llevaba un río desbordado por su boca, fue tanta la intensidad que perdió sus fuerzas y el conocimiento, Ally empezó a gritar pidiendo ayuda, no tenía las fuerzas para cargar a Camila hasta el coche por lo que unos chicos que estaban pasando casualmente por el lugar la ayudaron a meterla en el coche y salir rápidamente hacia el hospital más cercano. 

Llegaron al hospital y rápidamente la atendieron logrando estabilizarla, Ally se mantuvo en todo momento con ella, pues Camila se negaba a que sus padres y mucho menos Austin fueran notificados de lo que le estaba pasando.

-Seguramente fue porque no desayune - le dijo a su amiga. 

-Tu nunca desayunas Camila, ya estas acostumbrada, debe haber algo más.

-Señora Camila Cabello - habló alguien entrando al cubículo. 

Cuando Camila alzó su rostro, se encontró con una cara conocida, la recordaba claramente, era la chica a la cual le salvó la vida aquella vez frente a la lápida de su madre, está también la reconoció y le regaló una tierna sonrisa. 

-Bueno, no pensé que esta sería la forma en la que volviera a verte - le dijo con una sonrisa acercándose a ella. 

-Quedamos en llamarnos y nunca lo hicimos - le respondió la Cabello con timidez. 

Ally miraba la escena con interés, preguntándose de dónde Camila conocía aquella guapa doctora y percibiendo una extraña energía entre ambas, una de las buenas. 

-Creo que la vida nos está gritando que debemos quedar, en este hospital hay muchos doctores y enfermeras, no creo que sea casualidad que justo yo te atienda - le dijo. 

Camila bajó la mirada con una sonrisa sintiendo sus mejillas sonrojarse, por primera vez en mucho tiempo que no sentía aquello y le gustaba la idea de por lo menos poder tener una conversacion con esa chica. 

-Dime que estoy bien para poder largarme y establecemos donde nos veremos cuando salgas del trabajo. 

La chica la miró con una sonrisa de medio lado, Ally también sonreía con picardía, le encantaba ver a Camila de esa forma después de todo el sufrimiento que ha pasado. 

-Bien del todo no estas, tienes unos valores muy altos, seguramente consecuencia de una mala alimentación y estrés - le decía la doctora Rebeka, mientras leía de una tabla que llevaba en las manos- y no se si ya lo sabes, o es que no lo dijiste, pero tienes cinco meses de embarazo. 

Aquello borró la sonrisa del rostro de Camila, haciendo que todo su mundo se viniera abajo, no podía ser verdad, eso tenía que ser el inicio de una pesadilla, ella no podía tener un hijo del hombre que tanto daño le ha hecho, el que prácticamente en las noches la violaba, esa noticia representó para ella el retroceso total, sintió como una suave mano se posaba encima de la de ella, era Ally demostrándole todo su apoyo y con su mirada haciéndole ver que no era el momento para entrar en una crisis, respiro profundo y se dejó caer en un abismo, pensando únicamente en que tenía un embarazo tan avanzado y nunca se había dado cuenta, que pensar en un aborto era arriesgado para ella, pero ahora que mas daba, ya las ganas de vivir se le fueron rápidamente como llegó esa noticia a su vida. 

-Independientemente de lo que sepas ahora de Camila debes hacerlo por ti, ya olvidala, la cosa es por ti ahora, ya es momento de volver y poner a esos hijos de puta a llorar sangre, ¡A tomar por culo todo joder!. 

-Siempre será por Camila, no hables de esa forma, que siempre será por ella y ahora más que nunca - sentenció, sentada y rodando con sus manos la silla de rueda, posicionándose en la ventana y mirando hacia el horizonte. 



Una Bala Directo al Corazón - CamrenDonde viven las historias. Descúbrelo ahora