Kyle nunca fue bueno haciendo amigos, pero tras mudarse a Everless se encontrará con muchas personas que le cambiarán la vida. En especial uno, Alex.
****
La infancia traumática que tuvo Kyle lo dejó con una marca de por vida, un trastorno de ansied...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Ese día desperté al lado de mi Kyle, mi novio.
Dormía sobre mi pecho, ese ya era su lugar favorito desde antes que nos volviéramos novios, y estaba aprovechando bien que ahora podía hacerlo, tantas veces le placiera.
Desde esta perspectiva solo observaba su cabeza, con su abundante melena lacia que le tapaba los ojos la mayoría del tiempo. El cabello le creció bastante desde que lo conocí, y ya se dejaba ver más los ojos por lo mismo, eso me gustaba. El cabello de Kyle siempre me pareció bonito (aunque al principio me mintiera a mi mismo diciendo que era raro y que tenía el fleco de un shih-tzu descuidado) siempre me gustó lo lacio que era, lo mucho que brillaba y la variación entre tonos castaño claro que podían tener sus mechones.
No lo sé, así pasaría muchas noches de desvelo, con la vista perdida en algún punto mientras enumeraba todas aquellas cosas que me gustaban de él. En vez de eso, decidí ponerle una mano encima de la cabeza y empecé a acariciar su cabello con la palma de mi mano, con cuidado de no ir muy fuerte, pues no quería despertarlo.
Aunque, por mucho que no quisiera moverme o hacer ruido, tenía que. Otra vez, la abstinencia comenzaba a hacer su aparición, y en mi cuerpo, donde la mayoría del tiempo era un setenta por ciento droga, los achaques no actuaban como cualquier sutileza.
Sostuve su cabeza con mucho cuidado mientras me levantaba con cautela, Kyle me sintió cuando estaba en la esquina del colchón y se despertó.
—Alex —me llamó con voz adormilada, sus ojos aún estaban casi cerrados—, ¿a dónde vas?
—Solo iré al baño —respondí con voz queda y puse otra vez mi mano sobre su cabeza—, vuelve a dormir.
Como no estaba completamente despierto no tuve mucho problema para que volviera a cerrar sus ojos.
La verdad yo no iba a volver a recostarme junto a él por lo que quedaba de la madrugada, me sentía fatal, solo estaría quejándome y no quería molestarlo durante su sueño. Estaba comenzando a temblar y sudar frío, entre al baño que estaba en el pasillo, el que tenía regadera, y me di una ducha para que se me bajara la fiebre. Más tarde me quedaría recostado sobre el sillón esperando a que amaneciera. No logré pegar un ojo, porque la ansiedad venía a unirse al espectáculo de un drogadicto en abstinencia.
Debía ocuparme en algo y volverme productivo pronto, al menos antes de que me comenzara a rascar la piel como rata sarnosa debido a la misma ansiedad. Busqué unos dulces en la alacena para calmar la sensación, por suerte Kyle era un niño grande (bueno, no tan grande) y tenía una jarra llena de paletas de caramelo encima de la barra de la cocina. Me la lleve a la boca y al mismo tiempo tomé una caja de cereal para tomar puñados de hojuelas azucaradas y comerlas como un desquiciado. Sabía que llenarme de azúcar no era la mejor opción, o lo más sano, pero no volvería a sucumbir a mis vicios, no ahora que al fin podía estar con Kyle de la forma que tanto quise durante todo este tiempo.