Capítulo 1: "Erenís"

48 2 2
                                    

Siglo: xxi


La lluvia golpeaba tenuemente la ventana, mientras las finas gotas resbalaban por el cristal. Will se encontraba tumbado en su cama, con los ojos cerrados oyendo caer la lluvia; una a una las gotas que golpeaban su ventana. De pestañas largas, finos labios del color del bronce, como su piel la cual se afeaba debido a unas manchas blancas por todo su cuerpo.

Fuera, la gente corría lo más rápido que podía para protegerse de la fría lluvia. Era 1 de Enero, en pleno invierno fácilmente cualquiera podía coger una pulmonía. Cualquiera excepto Will, el cual nunca salía de casa.

Dos golpes secos sonaron en la puerta de su habitación. El muchacho abrió los ojos, mientras los dirigía hacía la fuente del ruido. Pequeñas motas de color verde oscuro adornaban sus oscuros ojos del color del chocolate fundido.

-Adelante-Resonó la voz de él por toda la habitación, llenándola con un eco suave y a la vez intimidante. Por la puerta de la habitación, asomó una cabellera roja, de fuego puro, dando lugar a una sonriente cara que le miraba animada.

-Feliz cumpleaños, Will.

-Hola, Gabriel.

-¿Qué tal te encuentras hoy?-El muchacho encogió los hombros tras incorporarse en la cama. Se apartó de los ojos un mechón oscuro dejando ver la horrible mancha blanca que le atravesaba la parte derecha de la cara. Gabriel se acercó a la cama, y apoyándose con cuidado examinó la mancha. Chascó la lengua y frunció el ceño.

-No tiene buena pinta.

-¿Alguna vez la tuvo?-Replicó él, mientras volvía a colocarse el mechón de pelo para tapar la mancha-. No recuerdo haber tenido nunca la piel uniforme.

Gabriel sonrió tristemente mientras se apartaba de él. Los dos se quedaron en silencio mientras el ruido de la lluvia llenaba toda la habitación. Will suspiró, cambió completamente la cara y sonrió.

-Me encuentro mejor, gracias, pero se me está acabando la crema. Si pudieras...

-Por supuesto-Se apresuró a decir ella, mientras rebuscaba en su pequeña mochila. Le tendió a Will un pequeño bote blanco, el cual no poseía etiqueta, ni prospecto, ni nada de nada. Simplemente, un bote blanco que contenía un líquido del mismo color. Will la abrazó y le dio las gracias mientras ella salía por la puerta. En ese mismo momento, dejó de sonreír y tiró el bote que le acababa de dar a la basura.

Si Gabriel supiera que hacia meses que no se daba la crema, se pondría hecha una furia y no le dejaría solo en ningún momento. Pero desde que la había dejado, su vida había comenzado a cambiar poco a poco. Sus sentidos parecían estar mas atentos, más desarrollados, mientras que sus manos ardían como el fuego. Su equilibrio había mejorado, y se había vuelto mas rápido, mejorando sus reflejos. De alguna manera, aquella pomada que se había estado aplicando le había estado minando sus habilidades. Había sido tal el cambio, que había comenzado a pensar si aquella enfermedad que padecía no sería obra de la propia Gabriel. Sin embargo, ese pensamiento rapidamente desaparecía. Gabriel era una muy buena amiga de su madre, y ella le quería muchísimo... o al menos eso pensaba él.

Will abrió lentamente la puerta de su habitación y bajó los desconchados escalones hacía el primer piso. Debido a su enfermedad, no poseía la energía que de niño solía poseer. Ni siquiera el paro de la toma de la pomada había podido solucionar eso.

Se asomó a la cocina, y vio a su madre fregando los platos de la cena pasada.

-Hola- Saludó él, con una voz tan pesada como el ánimo que poseía en esos momentos. Su madre se sobresaltó y se giró portando una gran sonrisa en su rostro.

StarnightDonde viven las historias. Descúbrelo ahora