CAPÍTULO SIETE
Stracy
Puedo decir, por primera vez en mi vida, que no disfruté comerme una pizza.
Sé que eso sonaba como una completa locura, estaba segura de que lo era, pero había sido así, por muy sorprendente que sonara, incluso para mí.
No había disfrutado la pizza después de la Universidad, como siempre había sido una rutina para mí desde que nuestro pequeño grupo inusual de seis personas completamente distintas se formó. ¿La razón? Mi tío de diecinueve años que coqueteaba con Ágata, una de mis tres mejores amigas, aunque le había dicho a él que no lo hiciera y aunque le había advertido a ella después de discutir de forma acalorada en el baño de chicas por esa misma razón.
Era como si a ambos le importara un rábano mi opinión. Sentí la mano caliente de Jacob sobre mi muslo, apreté las manos sobre el volante y me estacioné frente a la gran casa de color azul con negro que tenía una gran fuente en medio del jardín.
Solo había un par de luces encendidas. Me giré sintiendo una mirada en mi nuca, —mirada que por supuesto no era de Jacob— y me obligué a ignorarlo, aunque esa mirada causaba que sintiera un escalofrío que no lograba entender, pero que me hacía sentir muchas cosas, y no todas eran buenas. También me obligué a mirar a mi novio, que me dio una sonrisa cálida como siempre, que antes me daría paz y tranquilidad, pero que hoy solamente me ponía incluso más tensa que antes, así que mientras pensaba eso, él se inclinó para darme un beso. Sabía a pizza y Coca Cola.
No sé por qué me incomoda que me bese mi propio novio.
—Te voy a extrañar. — susurró, acariciando mi barbilla: — ¿Me llamas cuando llegues a casa por Skype? O tal vez podemos ver A tres metros sobre el cielo, otra vez.
—Tengo que hacer unas tareas, pero me gustaría ver a Mario Casas y a María Valverde en su romance cliché. — solté con tanta naturalidad que cuando me di cuenta de que era una excusa, sentí una punzada en el vientre.
—No importa. — Confesó completamente ajeno a que le estaba mintiendo y eso me hizo sentir peor, él a veces era tan ingenuo que me anexaba más sentido de culpabilidad: — De todas formas, me gustaría chatear contigo antes de dormirme. Ya sabes, muero por escuchar tu superresumen de tu lectura actual y me hables de tu nuevo amor literario.
Asentí, sintiéndome tensa.
¿Por qué soy tan mierda a veces? Jacob no me merece.
—Lo haré. — dije y él sonrió, besando mi mejilla.
Se alejó de mí y miró hacia el asiento de atrás. Exactamente, la persona que estaba detrás y me obligué a mirar al frente, porque no iba a mirarlo, no quería mirarlo, no podía mirarlo.
—¿Nos vemos mañana? — preguntó Jacob hacia él.
¿Por qué tenía que ser tan bueno con las personas? ¿Por qué tenía que ser tan bueno con él?
—Claro, pero podremos hacerlo, solamente sí Stracy no me mata antes de que lleguemos a casa. — bromeó y eso a mí no me causó risa, como tampoco el «lleguemos a casa» ni todo lo que englobaba esa oración.
Él, yo, los dos juntos.
—Estoy segura de que no te matará, así que sí nos vemos mañana, Maximiliano. Fue un placer compartir contigo estos días, creo que seremos mejores amigos.
Mejores amigos. Sentí náuseas de solo imaginarme a Jacob y a Maximiliano siendo un dúo inseparable.
—Así será, Jacob. — soltó el susodicho y cuando mi novio abrió la puerta para ir a su casa, sentí que me estaba asfixiando por alguna razón.
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Si tan solo no fueras tú
RomanceStracy Holloway, tiene diecinueve años, entró a su Universidad soñada y está estudiando la carrera que siempre deseó. Tiene a un novio que la quiere, una relación perfecta con sus padres, una amorosa mejor amiga y una buena vida hasta que Maximilian...