El pequeño Robert Cambridge subió rápidamente las estrepitosas escaleras del sótano, en un intento desesperado por salvar su corta vida. Huía de una criatura aterradora, la misma, que mantenía esclavizados a sus padres, desde que decidieron formar parte de una secta satánica. Sus creencias eran que alguna fuerza misteriosa —sobrenatural—, los ayudaría a desaparecer todos los problemas que tenían. Una manera fácil, aunque poco religiosa, de deshacerse de todo lo que era una desgracia para su familia. Sin embargo, todo se les había salido de las manos, nada había salido como lo esperaban.
«Moriré en manos de un demonio», pensó, al tiempo que abrir la puerta del sótano y, sin mirar atrás, corrió hacia la cocina. Necesitaba la protección de sus padres, aunque sabía que era casi imposible escapar de esa cosa.
—¡No! —soltó a la nada—, ¡no te acerques a mí!
No podía ver casi nada, todo estaba consumido por la oscuridad.
Finalmente, al llegar a la cocina pudo ver a su madre, aunque, no como hubiese querido verla. Estaba tirada en un rincón de la cocina con la cabeza estribada en la nevera, toda cubierta de sangre. En el pecho, se le podían ver arañazos profundos que se le extendían hasta el abdomen. Partes de sus vísceras caían al suelo, que también estaba bañado de sangre. Además, una mirada agónica daba evidencia de que también estaba siendo perseguida por la criatura demoniaca.
—¡Mama! —grito, casi sin aliento.
En ese preciso momento mientras tiritaba y lloraba, comenzó a perder las esperanzas, o mejor dicho, lo poco que le quedaba. Un miedo inmensurable le recorría todo el cuerpo. Era una escena terrible la que tenía frente a sus ojos.
Subió el tramo de escaleras hasta el primer piso y, a continuación, corrió por el pasillo, que le pareció más estrecho de cómo lo recordaba. Se detuvo frente a la habitación de sus padres, la puerta estaba cerrada. Por un momento dudo de si abrirla o dejarla como estaba, sin embargo, empezó a abrirse sola, mientras el fuerte chirrido de los goznes desgastados rugía por todo el pasillo.
Tras haberse terminado de abrir la puerta, lanzo un breve vistazo vacilante al interior de la habitación, alcanzando a ver el cuerpo sin vida de su padre. Reposaba sobre la cama con la cabeza casi cercenada colgando al borde, estaba a punto de desprenderse por completo de su cuerpo.
«¡No...! —grito para sus adentros e inspiro hondo. Lamentaba todo lo que estaba pasando esa noche. —¡¿Por qué está pasando esto?!»
Su cuerpo se paralizo totalmente por el miedo, el corazón le latía de forma apresurada y le faltaba el aire. Todo parecía tan irreal... No quería creer lo que estaba pasando, quería pensar que todo era producto de un mal sueño. Y que al día siguiente estaría jugando en el jardín mientras esperaba que su madre terminara de preparar la comida, y su padre regresara del trabajo para así almorzar todos juntos, como lo habían hecho siempre.
Era una experiencia traumática difícil de asimilar, y mucho más para un niño de tan solo diez años de edad.
Cerca de la habitación se empezaron a escuchar pisadas retumbantes, sabía que la cosa que lo perseguía todavía lo acechaba.
Nuevamente corrió por el pasillo, el cual, parecía no tener fin. No obstante, comprobó que si tenía fin y estaba a tan solo unos cuantos metros: una ventana pequeña por donde penetraba la tenue luz de la luna llena al interior de la casa. Generaba una penumbra que hacia el ambiente mucho más sombrío de lo que ya era.
Dio un corto vistazo por encima del hombro. Intentaba ver si la criatura demoniaca todavía lo seguía, pero no vio nada. Cuando volvió la mirada al frente, se dio cuenta de que ya no tenía por donde correr, trato de frenarse, pero, resbalo y atravesó la ventana cayendo al vacío.
Todo su cuerpo sufrió traumatismos por la caída, tenía fracturada la pierna derecha y un dolor inmenso no lo dejaba moverse. Intento ver hacia la ventana que atravesó, sin embargo, tenía la vista borrosa, quizás por la sangre que estaba perdiendo a causas de las graves heridas ocasionadas por el impacto. Además, estaba un poco mareado, sentía que el mundo le daba muchas vueltas.
En un momento dado, vio a duras penas la silueta de la criatura que lo perseguía. Lo estaba observando desde la ventana con una sonrisa maquiavélica dibujada en el rostro, había cumplido su misión, el cual era: acabar con su vida. Unos segundos después, desaparece en la oscuridad.
...
Robert falleció.
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Hola amigo lector, mis más gratos saludos. Si llegaste hasta aquí, te doy las gracias por haberte dedicado a leer mi escrito. Es corto, lo sé, pero es solo el prólogo, está historia está recién comenzando.
Este pedacito es solo para una prueba. Si les gustó, háganmelo saber, para así motivar me más cada día y querer seguir la historia. Ya gran parte de la misma está escrita, casi está terminada, por eso esta prueba.
Este es un proyecto que tenemos un amigo y yo, desde hace ya algún tiempo. Somos escritores novatos por así decirlo. Estamos en etapa de aprendizaje, cualquier opinión es aceptada. Si nos equivocamos en algún párrafo (algún un horror ortográfico) háganmelo saber.
Ayúdame a compartir este pedacito de historia para saber si les gusta a más Persona.
Gracias, gracias por haber llegado hasta aquí.
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