M: Yo no se que haces tú, pero cada vez que te veo estás más buena.
Melendi me recibe con un abrazo que me hace sentir en casa.
- Calla, tonto.
Alargo nuestro abrazo. Hablamos varias veces por semana, pero llevaba tiempo sin verle, desde mi cumpleaños. Cuando follabamos lo hacíamos más, pero ahora las cosas se han dado así, y le echaba de menos.
M: ¿Cómo estás?
- Bien.
Sonrío.
- Muy bien. ¿Y tú?
M: Creo que no tan bien.
Ríe.
M: Pero bien.
- ¿Nervios para esta noche?
M: Siempre.
Le entiendo.
M: ¿Qué tal el tuyo ayer?
- Uf, genial.
M: ¿Qué te preparo?
Esta en la casa de sus padres. No le perdonarían que no se quedara aquí, pero el silencio que reina en la vivienda me dice que ellos no están. Es una lástima, me hubiese gustado verles.
- Café.
Ya me he tomado uno, pero es demasiado pronto y ayer me acosté tarde.
- Y algo de fruta.
Elijo mirando las opciones que me presenta.
M: ¿Sigues con es dieta que no necesitas?
Me encojo de hombros.
- Me siento mejor así.
M: Espero que Martín esté a la altura y no generándote más inseguridades.
- Que va, Melen.
Creo que nadie me ha hecho sentir tan bien como él. Su cariño me ha ayudado a quererme yo misma.
- Me cuida tanto que termina siendo un pesado.
Prometo. Sé que lo hace con las mejores intenciones, pero a veces no soporto tenerle encima, controlando que he comido bien o que no me paso con mis propias exigencias.
M: Así me gusta.
- ¿Bueno, y tú?
M: Hay alguien.
Me mira con picardía.
M: Pero no quiero contarte nada aún.
Lo intuía. ¡Como le conozco!
- Ramon, desembucha ya mismo.
Ordeno. Sabe perfectamente que soy demasiado cotilla para esperar.
M: Es complicado.
- ¿Por qué?
M: Le saco diez años.
Confiesa.
- Hostia, cabrón.
M: Ya... Además...
Titubea ocupándose demasiado en nuestro desayuno para escaquearse de acabar la frase.
- Melen, dime que no es una fan.
Suplico. No quiero que se meta en líos. La manera en que me aparta la mirada me da la respuesta.
- No puedes seguir con ella.
Sentencio sin saber hasta donde han llegado ni que es lo que tienen.
M: Lumi, me encanta.
Se pasa las manos por la cabeza.
M: De verdad, me tiene loco.
- Ya te vale, tío.
Resoplo.
M: Nos conocimos de casualidad. Me entere luego que...
- ¿Casualidad para ti o para ella?
M: Para los dos.
Se apresura a aclarar.
M: Creo.
Murmura.
- Ya...
Comento con desaprobación.
M: Me gusta en serio.
Asegura.
M: Es mayor de edad, no estoy haciendo nada prohibido.
Se excusa.
- Pero ya sabes que vas a cagarla, por como me cuentas la historia.
Asevero. Su tono, su mirada, su forma de hablar.
M: ¿Y que hago?
- Frenar las cosas, Melen.
M: No quiero dejarla.
Protesta como un niño.
- Vas a sufrir.
Advierto.
M: Eso es lo que tú crees que pasa siempre en el amor.
Me refuta. Ruedo los ojos. No puedo defenderme porque lleva razón, pero ahora lo pienso más que nunca.
- Ya, pero es una fan y tiene diez años menos que tú.
M: Es muy madura.
- Te vas a dar una hostia.
Lo veo venir.
- Y a mi no me va a quedar de otra que estar aquí para apoyarte.
Suspiro.
- Pero no voy a dejar de recordarte que te lo advertí.
Sonríe abrazándome. Siempre hemos sido así.
M: Ahora cuéntame tú.
Pide cambiando el tema.
M: ¿Cómo van las cosas con tu padre?
Inquiere hurgando en la herida.
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Todos los secretos (Segunda parte)
RomansaUna historia en la que TODOS tienen algo que ocultar