Diciembre / 2016
📍Hospital de Arkadia
Alexandra Long WoodsTodo estaba en silencio.
Los pocos sonidos a mi alrededor apenas sabía que los provocaba, pero aparte de eso, no había nada más que interrumpiera la calma de la habitación.
Desperté aproximadamente una hora, y en todo ese tiempo solo se escucha el constante pitido de una maquina, una de esas máquinas de hospitales que indican tu pulso, o para eso creó que es. Logré gritar varias veces para llamar la atención de alguien, pero todos mis gritos apenas eran escuchados solo por mi. Estaba sola, en una camilla posiblemente de hospital y cómo si aquello fuera poco, mis ojos estaban cubiertos por una venda que cubría la mitad de mi rostro. Si mis sospechas eran ciertas y estaba en un hospital, no cargare en mi conciencia que intente quitármela.
De igual manera, seria muy estúpido quitarte una venda que no sabes que está cubriendo, una que no puedes ver.
También intente buscar algún botón de emergencia, esos que ponen en las películas para llamar a algún doctor, pero mis débiles dedos solo tocaban cables. Cables un poco más gruesos que otros, y otros tan finos que tuve miedo de desconectarlo de donde estaban. ¿Y dónde estaban conectados? A mi adormecido cuerpo. Al sentir todos esos cables, por alguna razón empecé a mover cada parte de mi cuerpo para confirmar que las sentía, y una parte de mi se alegro de qué así sea.
Lo que me desconcertó fue no poder recordar mi nombre, ni mi vida, ni mucho menos a mi familia. Posiblemente esa sea una razón por la cual estoy en un hospital, posiblemente solo se deba a algo temporal. Me molesta que la habitación se encuentre vacía. Algún doctor debe ser al menos, un poco responsable como para ir chequeando a lo pacientes, al menos a mi.
¿Qué hice para llegar a parar a un hospital?
Mi cuerpo se tensa al escuchar una puerta abrirse y mi respiración se acelera. El miedo de que no sea un doctor aumenta y tenso mis manos. ¿Por qué debo tener miedo de que alguien entre? ¡Si es lo único que he deseado desde que desperté!
El sonido de la puerta vuelve a escucharse con mucha fuerza, como si quien sea la persona que entro, estuviera teniendo una fuerte pelea con la puerta. El sonido vuelve a escucharse y luego se escucha un suspiro, uno calmado y de alguien totalmente cansado. Su suspiro era suave, lento y a la misma vez chilloso. Aprieto uno de los cables en mi mano izquierda y espero que quién entro se acercara hablando, pero en su lugar se escucha el chillante sonido de algo metálico. Y luego, para mi sorpresa, se escucha una risita graciosa, una risa de niña.
¿En que hospital vine a parar?
—¡Buenos días, señorita dormilona! —escuchó su grito y el sonido metálico se detiene a mi lado derecho—. Veo que aún no has despertado, entonces mamá tenía razón. Pero ayer soñé que despertabas y al fin podíamos jugar, veo que fue un sueño muy tonto.
Trago saliva y suelto el cable en mi mano. ¿Qué le podía hacer a una niña? No sé cuantos años tiene, pero en cuanto toca mi brazo derecho su toque es muy suave, como cuando tienes algo nuevo y quieres evitar tocarlo para que no se rompa, un toque ligero y, a la misma vez, rasposo. Siento mis pies tensarse y en mi garganta se forma un nudo, uno que me prohíbe decirle que retirara su pequeña mano de mi brazo. Sus dedos se mueven con suavidad sobre mi mano y mis dedos, pero evito moverme. Su toque rasposo ahora se sentía mucho más cálido, un toque familiar.
—Lamento no haber venido antes, mamá me ha prohibido venir a verte con la abuela. —Su voz toma un pequeño tono de tristeza—. Está diciendo que me hace mal venir a verte, pero mamá no sabe lo que dice. ¡Los adultos nunca saben lo que dicen! Creó que la abuela opina lo mismo y también creó que dejara de traerme al trabajo para qué no pueda venir a verte. Eso es injusto, muy injusto. ¿Puedes creerlo?
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En La Oscuridad (CLEXA)
FanfictionUn accidente Dos mujeres Un lazo especial Y una decisión necesaria -Madi... -Te odio, Lexa.