¿Qué me pasó? ¿Donde me encuentro? ¡Me duele la cabeza!
Horus había despertado del desmayo y se veía atrapado bajo cuatro enormes paredes de piedra, miro detalladamente el lugar y vió una extraña equis con una osamenta amarrada en ella, el olor de aquel extraño calabozo era tan nauseabundo que hasta el más sensible de la nariz podia vomitar con tan sólo respirar esa mezcla de olor a humedad, sangre y huesos.
¡Maat! ¿Maat? ¿Dónde estás? ¡Maldición, tengo que salir de este lugar! No puedo dejar que le hagan daño estos bandidos.
Horus recobró fuerzas, y empezó a buscar una sálida de aquellas cuatro paredes.
¡Si mi memoria no me falla, y de acuerdo a lo que me dijo mi abuelo; entre cuatro paredes una siempre es falsa!
Horus comenzaba a palpar cada ladrillo de aquél extraño calabozo sin ventilación, rasgó un trozo de su twab y se lo puso tapandose la boca y la nariz para dejar de sentir el olor de ese extraño lugar que hacía que los ojos de Horus se humedecieran por el fuerte aroma de orina y amoniaco y siguió palpando los ladrilos hasta que dió con el correcto.
De bajo de su twab, cargaba un pequeño mango del viejo kopesh y comenzó a golpear el ladrillo falso hasta lograr sacarlo de su sitio; del otro lado del muro se veía como caía dicho bloque y la mano de Horus moviendose tocando los bloques superiores, inferiores y laterales, hasta dar con el siguiente bloque falso y con el mismo mango del kopesh comenzó nuevamente a golpear para que éste cayera.
Horus repitió la operación varias veces hasta lograr un espacio donde el pudiera atravesar.
¡Ahora necesito encontrar mi Escudo Rojo y mi Espada! De lo contrario no podré continuar con vida, los Terra son muy fugitivos y habilidosos con las cimitarras, debo tener cuidado si me topo con uno de ellos.
Horus caminaba apoyando la espalda contra el muro para pode avanzar sigilosamente, mientras adivinaba donde se encontraba el Escudo Rojo, a lo lejos escuchaba voces que venían justo donde el se encontraba caminando, así que busco algun objeto o algo para defenderse o esconderse.
Por suerte de Horu y la bendición de su abuelo, había enocontrado un espacio vació en el muro y en el preciso momento que pasaban un par de terras, este se escondió evitando hacer el más minusculo ruido; de entre las sombras pudo observar que uno de ellos no cargaba cimitarra, si no un enorme mandoble de doble filo.
¿Un mandoble? Eso significa que han de haber más en algún lugar, necesito buscar donde, lo más seguro que ahí se encuentre el Escudo Rojo... Maat, no temas, llegaré a rescatarte en una pieza.
Horus acechó la distancia de los dos Terra y una vez visto una enorme distancia, procedió a salir de aquel hoyanco de la pared donde se había ocultado y con sumo sigilo comenzaba a explorar la base o guarida de Los Terra, un enorme laberinto era, asi que de manera encorgabada sigilosa procedió a la búsqueda de su Escudo Rojo, su espada y finalmente... Maat.
Espero que Sultán se encuentre bien.
Después de recorrese varios metros de esa guarida, logró dar con la sala mayor de la guardia, pudo ver Horus que habían dos Terra de vigías frente a ese enorme pasillo empedrado, dando la espalda a Horus, este se encontraba oculto en la pared que dividia aquel ancho pasillo del angosto espacio donde se encontraba, pero como sabía bien que no podia tardar mucho en el mismo lugar, brinco de un lado a otro para ver un mejor angulo.
Aquel ancho pasillo se encontraba construido de enormes pilares de piedra caliza, miro detalladamente el espacio y al ver que había encontrado la solución a su problema, pudo divisar una piedra suelta, asi que tomó el mango del kopesh viejo y lo avento hacia aquella piedra, dando justo en la misma y provocando que esta cayera y rebotara hacia donde se encontraba Horus oculto.
El sonido de a piedra alertó a los guardias y uno de ellos se acercó a ver lo sucedido, mientras se acercaba a la altura donde se encontraba Horus escondido, este estuvo listo para atacar cuerpo a cuerpo, la guardia logro llegar a su trampa y halandolo del shenti para luego romperle el cuello con sus brazos y tomó la lanza que traía este, el segundo guardia no se había dado cuenta de lo sucedido así que Horus tomo la lanza y se la aventó al segundo como "arpón al agua".
Una ves despejado el camino, Horus tomó el mango del kopesh viejo y aparte le robó al segundo guardia su pequeña daga; liberó la lanza de un tirón y comenzó a caminar de manera más segura aquel inmenso pasillo.
A lo lejos habian otros dos guardias que cuidaban la entrada, ambos con sus mandobles amenzando a Horus por si se acercaba a ellos, Horus no titubeo y en posición de caza comenzó a correr hacia los dos guardias, el primero respondió al ataque y al dar el sablazo, Horus usó la lanza para impulsarse y posteriormente aventarsela al guardia logrando que esta se le atravesara al instante.
Tomó el gran mandoble y se encontraba frene al cuarto guardia con un mandoble igual; ambos comenzaban a chocarlos, sólo se oía el acero golpear en cada sablazo; así que Horus, -recordando el entrenamiento de su abuelo- tomó nuevamente el mango del kopesh y se lo aventó para que este lo esquvara o detuviera y así lograr acertar en el cuello del mismo.
A lo lejos se podia ver como caía el cuerpo inerte y degollado del cuarto guardia; Horus estaba decidido y como parte de su plan, primero encontrar el Escudo Rojo y su Espada y por último pero en el tiempo posible a Maat y a Sultán.
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Horus Jepri Chronicles
PertualanganSumergiéndonos en un emocionante viaje a través de los reinos divinos y terrenales, «Horus Jepri Chronicles» nos presenta una épica antología compuesta por once episodios que tejen una narrativa envolvente y llena de misterio. La historia se inicia...