La sensación incómoda de estar acostado en el suelo provocó que despertara, al hacerlo notó a una niña rubia mirándolo fijamente con sus orbes avellana poseedores de abundantes pestañas.
Incómodo y asustado saltó del futón buscando entre sus prendas la pistola que le dio su hermana. Al no encontrarla miró a la niña y asumió una posición de lucha intentando protegerse.
—¡Mikey, ya despertó tu amigo! —la voz de la rubia lo exaltó consiguiendo que llorara, en silencio, como siempre lo había hecho.
Unos pasos apresurados lo pusieron en alerta, rápidamente se acercó a la mesa más cercana para tomar una botella de vidrio que ahí había, al romperla pudo escuchar como abrían la puerta de la habitación.
Un nuevo par de rubios lo miraba atentamente y él, como respuesta los señaló con la botella rota intentando amenazarlos. La única asustada era la niña que rápidamente salió del cuarto desapareciendo por la puerta en busca de su hermano mayor.
—¡HOLA LLORÓN! —saludó enérgico el rubio más bajo ignorando por completo la filosa botella rota— Te tardaste en despertar.
—¿Cuánto dormí? —consiguió articular levantando la botella y señalándolo mientras temblaba, todo su lenguaje corporal indicaba miedo: el temblor de su cuerpo, la respiración pesada e incluso el leve tartamudeo en su pregunta.
La única excepción eran sus ojos que, a pesar de estar bordeados por finas lágrimas, demostraban firmeza. Y eso no hacía más que llamar la atención de la persona que tenía enfrente.
—Creo que unas quince horas. —habló el rubio más alto llamando la atención del pelinegro.
Un sonido de sorpresa se escapó de sus labios, mientras miraba enojado a las personas delante suyo dio un paso al frente. Rápidamente se llenó de valor y, aún con enormes lágrimas cayendo de sus ojos, levantó la botella para hablar.
—¿Dónde estoy y dónde está su líder? —de repente su voz había sonado firme, fue tanto el contraste que a Mikey le diera un escalofrío por todas sus vértebras.
Iba a preguntarle emocionado quién era y si quería ser su perra pero una voz los interrumpió.
—Estás en nuestra guarida —advirtió el hombre pelinegro que acababa de entrar en la habitación, detrás de él estaban los ojos curiosos de color avellana que ya había visto hacía rato—. Somos la Tokyo Manji y yo soy el líder.
Aquel nombre conocido casi hace que suelte su única arma. Miró directamente al otro pelinegro de la habitación ligeramente enojado y entre dientes respondió con algo de desagrado— Sano Shinichiro…
El nombrado intentó preguntar cómo rayos podría conocerlo pero no pudo siquiera decir una palabra cuando el niño volvió a hablar.
—Sé dónde está Benkei. —mencionó un nombre que alertó a todos causando diferentes reacciones.
Sorpresa, confusión, interés y culpa recayeron individualmente en cada persona de la habitación a excepción de quien lo nombró.
—Te puedo llevar con él y entregarte algunas armas si es que me ayudas a rescatar a mi her- mamá… —mintió, una de las tantas cosas que había aprendido para sobrevivir fue mentir para conseguir lo que quiere.
—Eres muy interesante niño —intentó sonreír pero solo consiguió que se formara una mueca en su cara por recordar el día donde perdió a uno de sus amigos—. Primero baja la botella para poder negociar.
—¿Dónde está mi pistola? —dio un paso hacia adelante ignorando completamente el pedido e intentando acercarse a Shinichiro, más no pudo al ser interceptado por Mikey quien lo había estado mirando con interés desde que entró al cuarto.

ESTÁS LEYENDO
Infection [Sano Shinichiro]
Hayran Kurgu¿Qué es lo más aterrador que puedes vivir durante el apocalipsis? ¿La muerte? No, con eso convives todo el tiempo. ¿Los infectados? Tampoco, aprendes a escapar o pelear contra ellos. ¿Perder a quienes amas? Bingo. ¿Qué tanto estás dispuesto a sacrif...