Los padres de él

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En los cuatro días en los que Castiel lleva "saliendo" con Dean ha aprendido un par de cosas:

a. Las manos de Dean son demasiado calientes para su gusto, haciendo de su agarre de manos un infierno -más que nada por su contraste con las suyas, frías por naturaleza-

b. Dean es demasiado descuidado, y siempre tiene que ir salvándole el culo frente a sus cagadas

c. Debido al excesivo tiempo que tienen que pasar juntos para vender el engaño, Dean se ha vuelto todavía más insoportable a puerta cerrada


─Castiel, ¿porque tienes el cuello azul?

Y es que desde que tiene que pretender gustar de Castiel, Dean se ha vuelto mucho más infantil y molesto en cuestión de las bromas e insultos que le lanza en la intimidad de su habitación. Seguramente esto lo hace para compensar, pero a pesar de que Castiel se sienta igual no hace que le moleste mucho menos.

Con la mirada de todos los presentes de la mesa centradas en él, Castiel se lleva una mano al cuello de manera casi inmediata, sobre la mancha que su mejor amiga ha señalado.

─Por nada. ─ Responde casi de inmediato, con las palabras atropelladas y casi escupidas de su boca. Frente a esto, Dean, que está sentado a su lado, tiene que levantar el frente de su libro para esconder su risa. Debajo de la mesa, Castiel le golpea la pierna con un puño para que pare. Dean para, pero también se le escapa un quejido de dolor. ─ Solo un pequeño incidente de esta mañana.

Obviamente el "pequeño incidente" tiene nombre y apellido: Dean Winchester, a quién por algún extraño motivo -motivo que quizás tiene algo que ver con el comentario que le hizo anoche respecto a su forma de fingir que se alegra de verle- le ha parecido buena idea cambiar su champú de cuerpo por un tinte corporal azul eléctrico (en defensa de Castiel, tenemos que decir que la espuma de su gel también es azul).

Tras darse cuenta de la infantil broma, Castiel se ha dado más de tres duchas diferentes, pero a pesar de haber frotado y frotado, su cuerpo todavía mantiene un cierto tono azulado, así como algunas manchas que esperaba que nadie viera.

Pero como siempre, no hay nada que puedas esconder de los ojos de águila de Jo.

Tomando una de las toallitas desmaquillantes que le ofrece Hannah, Castiel le lanza una mirada llena de odio al chico a su lado, que, orgulloso de sí mismo, le dedica un guiño burlón. Castiel casi se levanta y le da con la silla.

─Eso, frota, frota. ─ Lo anima Balthazar con los pies encima de la mesa. ─ Al fin y al cabo hoy es el día, ¿no? Hoy se conoce a los suegris~. ─ Con su característico tono burlón, Balthazar le recuerda el terror al que se enfrenta hoy haciendo una cancioncilla. Las dagas que le lanza con los ojos casi hacen que baje los pies, pero en su lugar solo se ríe con más fuerza.

─Sí. ─ Y a pesar de que no le faltan ganas precisamente, Castiel se mantiene sereno cuando le responde, ahogando sus ansias de lanzarle un lápiz y se levanta de su sitio para tirar la toalla azul al cubo de la basura.

Cuando regresa, casi puede sentir los ojos de todos puestos sobre su nuca.

Hoy es el día.

El tan evadido domingo ha llegado, y lo ha hecho estallándole en la cara.

Cuando Mary lo invitó, Castiel asumió que la comida sería entre ellos dos, Sam y su madre, un pequeño grupo que puede manejar con relativa facilidad y que no lo conocen lo suficiente como para denotar su incomodidad.

Pero no.

A esta comida también asisten la novia de Sam, la madre de Jo, Jo, un amigo del padre de los hermanos, Charlie, la madre de Charlie y la mejor amiga de la madre de Charlie.

Nunca entiendes ; DeanCasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora