Il Fantasma Notturno - Parte Seis

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Todo pasó muy rápido para Matt Barrens una vez que tuvo la fortuna de abrir los ojos nuevamente.

Para empezar, todo su cuerpo había sido embarrado de sangre, además de tener en su poder el mismo cuchillo que tanto le había estado reclamando su madre anteriormente.

En aquel cuchillo había una simple palabra escrita con sangre con alguien más, el cual decía:

DELICIOSO

A partir de ello, la policía hizo presencia rápidamente en su departamento por ser alarmados gracias a sus vecinos del interior del edificio.

Matt por su parte, aún intentaba tratar de enfocar todo su alrededor, ya que de por sí su cabeza le estaba doliendo a más no poder.

Sin saber lo que estaba pasando exactamente a su alrededor, pronto Matt se vio dentro de una patrulla bastante desconcertado, habiendo recuperado por completo la noción de su alrededor.

—Oigan...

Matt sintió claramente sus manos a su espalda, las cuales estaban esposadas.

—Oigan...

— ¡Silencio señor Barrens! —habló uno de los oficiales que se hallaba dentro del mismo auto, en el asiento del copiloto.

— ¿Qué está sucediendo? ¿Por qué me tienen esposado? —soltó desesperado Matt.

— ¡Mientras estés dentro de la patrulla no puedes hablar hasta que estés tras las rejas! —soltó el mismo oficial del asiento del copiloto.

— ¡¿Por qué?! —exclamó completamente alterado Matt.

—Todavía tienes el cinismo de preguntar el porqué. ¡Ahora guarda silencio!

Esta vez había sido el oficial que estaba conduciendo.

Sin posibilidades de poder seguir hablando, Matt solamente se dedicó a quedarse callado para tratar de recordar lo sucedido dentro de su departamento.

Lo único que podía recordar eran unos aullidos bastantes agudos, además de una tremenda punzada que seguía latente en su frente, razón por la cual en ese preciso instante Matt pudiera sentir correr bastante sangre en su frente.

Varias horas después, finalmente Matt estaba en la comisaría de Las Vegas.

— ¿Atraparon al asesino oficiales? —preguntó en esta ocasión un oficial cuyo aspecto era bastante imponente.

— ¡Justamente aquí lo tenemos capitán!

— ¡El desgraciado no había huido todavía de la escena del crimen!

Matt seguía desconcertado la razón por la cual los oficiales aún le siguieran diciendo tales cosas, aunque poco a poco comenzaba a sospechar quien podría haberle hecho tal cosa.

—Envíenlo a una de las celdas a ese enfermo —sentenció el capitán de los oficiales.

— ¡Andando Barrens!

— ¡Igual que tu padre!

— ¡De tal palo, tal astilla!

Mucho más desconcertado por aquello, simplemente Matt fue enviado al interior de una celda al haberle sido liberado de sus esposas.

— ¡Oficiales! Esperen un...

—Tienes derecho a un abogado, aunque si yo fuera tú no me haría muchas ilusiones después de tus depravaciones —le espetó el mismo oficial que había estado sentado en el asiento del copiloto.

Acto seguido, éste último mencionado desapareció de escena, dejando a Matt en el interior de la celda.

—Por favor no se vaya oficial. Le aseguro que yo no hice nada —hizo una pausa Matt de unos cuantos segundos—. Soy inocente.

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