Compartiendo Calidez

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¿Tuvimos nuestra noche de navidad para calentarnos mutuamente? La verdad, no.

Cuando nos dispusimos a levantar las cosas de la sala de estar Jean se estaba quejando del dolor de su mano, era tolerable, pero ya le estaba incomodando el roce de las cosas. Claro, entre la mini guerra de nieve y el preparar las cosas para la cena de navidad nos habíamos olvidado de sus astillas.

Fue una noche algo compleja.

Jack también quiso dormir con nosotros esa noche, ya que lo colocábamos en su cuna y comenzaba a llorar a los minutos después. Estuvo durmiendo entre mi pecho, el de Jean y en medio de nosotros. No podía negar que era adorable sentir la suave respiración de nuestro hijo y los pequeños suspiros que daba cuando lograba quedarse dormido.

Por otro lado, Jean durmió con la mano estirada, se estaba colocando rojo los alrededores de las astillas, ya estaban muy profundas como para sacarlas con pinzas, por lo tanto, debíamos ir al hospital para que se la sacaran.

-No puedo creerlo... -Dijo Jean entre los dos.- Años durmiendo a la intemperie, comiendo cosas poco nutritivas y con heridas mortales, hasta un brazo fracturado cuando joven y ahora se me viene a infectar la mano por un par de astillas.

Íbamos saliendo del hospital al otro día, habíamos dejado a nuestro bebé con la madre de Jean para prevenir cualquier contagio en un lugar lleno de pacientes. La nieve seguía cayendo de vez en cuando y debíamos caminar con cuidado por las calles de la capital.

-Somos simples mortales y Jean, creo que te estás poniendo viejo -Dije totalmente seria al tiempo que me enganchaba de su brazo para caminar juntos se vuelta a casa.

La mirada de indignación que me dio mi señor esposo fue de las mejores, sin embargo, Jean era de las personas que jamás se quedaba atrás.

-Bueno, seré como un buen vino, entre más viejo, más sabroso ¿No lo crees? -Me miró de reojo levantando sus cejas de forma divertida.

No pude evitar reír por su ocurrencia.

-Un vino que se pone malo por unas astillas -Dije acercándome más a él al sentir la fuerte brisa helada que nos golpeó al salir a la avenida principal.

-No digas nada de lo que te puedes arrepentir Ackerman.

En ese mismo momento Jean levantó la mano para hacer para un taxi y poder llegar más rápido a nuestro hogar. No íbamos a poder ir a la feria navideña, el clima no estaba como para sacar a Jack y eso ya lo estábamos comprobando.

Fueron solo 20 minutos en taxi hasta que estacionó fuera de nuestro edificio. Cancelamos la tarifa y nos apresuramos en entrar, saludamos al conserje de turno y fuimos al ascensor.

-Prepararé el almuerzo, así comemos con tu madre y no vuelve tan tarde a casa -Mencioné apretando el número cinco.

-Debería aprovechar que mi mano ya está cubierta y curándome para manejar hasta su casa y ocupar el automóvil.

Fruncí el ceño negando.

-Nada de eso, no manejarás, si el clima empeora, que se quede en casa, tenemos la habitación de invitados limpia y lista para que la ocupe.

-Es solo un vendaje -Dijo moviendo la mano.

-No lo harás Kirstein -Comenté al tiempo que el ascensor se detenía en el quinto piso. Las puertas se abrieron y salimos a la par.

Caminamos hasta nuestro hogar y lo primero que escuchamos al abrir la puerta fue la risa de nuestro pequeño quién estaba siendo atacado por las cosquillas de su abuela.

Momentos Únicos [ JEANKASA  Holidays Special ]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora