"We're even" one-shot

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WARNING: El siguiente one-shot cuenta con contenido explícito. En el espectro de lo explícito radican factores como el lenguaje, los temas y la descripción detallada de sexo rudo. Además, teniendo en cuenta el contexto de los personajes, estos mismos tendrán actitudes cuestionables que para nada busco promover ni aplaudir.

Con esto dicho, les recomiendo leer bajo su discreción.

Está bien cochino, disfruten.

La gasolinera estaba sola, muy sola. Era lógico pues eran las tres de la mañana de un jueves y la ciudad más cercana estaba a unos doscientos kilómetros de ahí. Los letreros neón aún zumbaban, refulgiendo en medio de la casi silenciosa noche, y la nevera de refrescos en la entrada trasera había dejado de funcionar hace unas horas, pero al encargado no le pagaban lo suficiente como para echarle un vistazo a eso.

Los dos faroles de una Jeep oscura empujaron lejos la bruma de tinieblas en la madrugada y la música altísima en el estéreo ahuyentó la calma que solo los grillos aprovechaban para cantar. Astrid conducía, Anna balanceaba sus pies sobre la guantera y Elsa fumaba con la cara asomada por la ventana.

—De acuerdo, ustedes vayan a comprar las bebidas energéticas. Yo las espero aquí— dijo Astrid jalando el freno de mano.

—¿Tú quieres algo?— preguntó Anna antes de salir.

Astrid refunfuñó y miró la hora en su teléfono. En efecto, eran más de las tres de la mañana y ellas seguían en esa mierda. Eso la irritó más.

—Cortarle los huevos a tu hermano— Astrid respondió con expresión ácida.

Ambas hermanas tuvieron reacciones distintas; Anna bajó la cabeza con incomodidad y Elsa echó para atrás la suya, largando una carcajada seguido de un: "ya somos dos".

De los tres, Tarzán y Anna siempre fueron mejores que Elsa para meterse en problemas, quizá por que eran el mayor y la menor, en su naturaleza siempre estuvo romper las reglas. Entonces Elsa fue la insulsa hermana del medio que los sacaba por las orejas de sus líos cuando eran niños. Pero los niños crecen, y con ellos, los líos; esa vez no habría apretón ni fuerza que sacara a su hermano mayor de ese embrollo, así que por el momento debían cumplirle ese favor a él.

—Toma las golosinas que gustes, pero no te aloques— advirtió Elsa a su hermana mientras mataba la colilla de su cigarro con la suela de sus botas.

Empujaron las puertas y la campanilla chilló, oxidada. El encargado, que jugaba sudoku apoyado en el mostrador, ni siquiera levantó la cabeza y completó un cuadro más —a juzgar por su sonrisa triunfante después del último trazo—. Elsa y Anna tampoco lo saludarían primero, así que la última se disparó al pasillo de las chucherías y la otra continuó a los refrigeradores.

Mientras Elsa repasaba los nombres de las latas, pensó en cómo podría ayudar esta vez a Tarzán. Era un idiota que se pasaba por los huevos cualquier consejo medianamente sensato que a Elsa se le ocurriera darle, sin embargo, era su hermano y tampoco es como que la culpa no recayese por lo menos en un 10% sobre ella.

Tomó tres latas frías con sus dos manos y maniobró por una cuarta —quizá estar escondiéndose le haya dado sed a su hermano, se la daría cuando lo encontraran en San Fransokyo— al mismo tiempo que Astrid retocaba su labial en el auto con la ayuda de uno de los espejos retrovisores.

Las farolas de otro auto se estacionaron tras ella y realmente no prestó gran atención a las figuras que se deslizaban del asiento piloto y copiloto. Voces masculinas y lejanas murmuraban cosas en lo que ella se revisaba las uñas; ¿Por qué Anna y Elsa se demoraban tanto?

Stolen kisses [Drabbles and One Shots Jelsa]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora