XXXII | Reaccionar.

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A medida de las semanas fui decorando la habitación de Santiago en el hospital, pedí un permiso y los médicos aceptaron. Les pareció una excelente idea que al despertar él se sintiera en un ambiente familiar.

Hablé con mi jefe de la posibilidad de ya no trabajar más en el hotel porque sinceramente no haría un buen trabajo al tener mi mente solo y únicamente en Santiago.

Él dijo que me daría unos meses, que entiende la situación y que en unos 4 meses podría volver a trabajar. Agradecí que él hiciera esto, porque no me imagino trabajando en otro lugar, en ese hotel he construido buenos recuerdos, a pesar de lo último que pasó.

Estos días los he tomado para leer las poetas favoritas de Santiago y comenzar a escribir el poemario, han sido días de descubrimiento, no entendía cómo pero los poemas salían a veces de manera natural y —aunque me sorprende— me gusta el resultado.

Busque en redes sociales ilustradoras, veía sus trabajos y me convenció el trabajo de una ilustradora llamada Megan, sus portadas e ilustraciones me hicieron volar la cabeza, le escribí por instagram y le comenté mi idea del poemario, me dijo que le gustaba la idea y que cuando tuviera el poemario listo y corregido que se lo enviará, ella se encargaría del resto. Para la edición contacté a una chica llamada Eviangelica, sus vibras me atraparon y sobre todo su buen trabajo.

Ayer le envié el manuscrito final, revisado por los padres de Santiago y por Estarling, dijeron que hice un buen trabajo en menos de un mes.

Santiago aun seguía sin despertar y eso me daba pavor, porque mientras investigaba de su estado muchos doctores me dijeron que mientras más él dure inconsciente más su cerebro sufrirá daño, porque no está funcionando, no está despierto.

Decidí quedarme todo el día con él mientras Estarling y sus padres descansaban, nos turnamos para venir y acompañarlo todo el día, no queremos que él se sienta solo.

—Santi, hoy le mandé el poemario a la editora y sí soy totalmente honesta pensaba y a la vez me asustaba muchísimo lo duro que sería escribir un poemario para que nos recuerdes al despertar. Pero, no fue duro. Fue un proceso de descubrimiento y fue muy divertido. Fue muy divertido saber más de tu infancia, conocer las travesuras que hacías cuando eras un crío, fue divertido e interesante conocer cómo fue tu vida antes de encontrarnos ese día. —solté una risa— No puedo creer que me tropecé por mirarte tanto, yo no era ese tipo de chica, esa que se quedaba mirando a un chico como si no hubiera nada más importante que él. Pero lo hice contigo. —miré mis rodillas, aún tengo una marca de ese día— Es muy loco todo las cosas duras que me han pasado y como contigo todo eso se ha sentido liviano, esas cosas duras ya no me atormentan en las noches desde que estás conmigo, desde que te convertiste en mi chico de la sonrisa bonita. —solté un suspiro— Lo sé, tú despertarás pero también sé lo devastada que estaré cuando no me recuerdes, cuando no recuerdes a tu estrellita. —miré el cuaderno donde tenía escrito todos los poemas— Por eso hice ese poemario, porque cumpliré mi promesa. Haré que me recuerdes, haré que recuerdes a Estarling, a tu hermana, incluso a tus padres. Confío y todas las noches rezo por eso. ¿Sabías que gracias a ti ahora hablo con Dios todos los días? Pues sí, lo hago y algo en mi ser impaciente, me dice que sea paciente. Porque tú despertarás.

—Ashely —la voz de la enfermera me asustó— Ya casi termina la hora de visitas.

—Gracias. —sonreí y ella desapareció de mi campo de visión— Bien, Santiago. Como es costumbre, te leeré un poema de una de tus autoras favoritas y confieso que también mía: Gilraen Earfalas. —busqué el poema en mi celular— Te leeré el poema: Amo.

Comencé a leer:

Amo como ríes,

como mueves la nariz.

Amo como caminas,

Simplemente pasan. ✔️Donde viven las historias. Descúbrelo ahora