Deja que caiga la noche (PARTE 1/4 / +18)

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Pedro siente que lo han prendido fuego. Metafóricamente y de manera literal también, porque allí donde lo tocan las manos ajenas, allí parece quemar su piel.

¿Cómo llegaron hasta aquí? Esto no está bien... ¿verdad? No debería estar pasando. No debería dejar que esté pasando.

Jorge hunde su nariz en el cuello del menor y respira profundo sin soltarlo. Pedro siente que está perdiendo la cordura.

—Ah, qué bien hueles... —le dice el mayor con un suspiro seductor, y Pedro pone sus manos sobre los hombros de Jorge y trata de alejarlo de sí con mínimas fuerzas.

Porque no tiene fuerzas.

O más bien porque no quiere tenerlas.

—Pérese... —masculla Pedro, sin aliento, en vano— ...espérese, Jorge.

Finalmente el mayor se despega de su yugular cuando escucha que lo nombra. Lo observa a Pedro que está todo acalorado, sonrojado y agitado, con la camisa abierta y fuera de lugar. Le dan ganas de apoderarse de sus labios pero se aguanta.

—¿Qué pasó, qué pasó, Pedrito? —le pregunta burlón. Pedro ha cerrado los ojos y mantiene a Jorge a distancia, como si estuviera buscando fuerza de voluntad para detenerlo.

—Es que...

—¿"Es que" qué? —Jorge insiste, y se vuelve a acercar sigilosamente al cuello del menor, cual vampiro, y planta allí un beso húmedo que a Pedro lo hace soltar un gemido y olvidar lo que iba a decir— tú solito te delatas, mano... ¿Pa qué me andas haciendo ojitos de enamorado si luego no te vas a animar?

Finalmente Pedro abre los ojos para encararlo. Abre la boca para responderle pero Jorge se aprovecha de su distracción para posar una mano sobre uno de sus glúteos y atraerlo hacia sí de un movimiento brusco. Pedro suelta otro gemido apagado.

—¿Cuándo le he hecho... yo ojitos... a usted?

Jorge hace una mueca del estilo "ni tú te lo crees" y le sonríe al menor mientras se acerca lentamente a sus labios. Pedro lo agarra con más fuerza por los hombros como si estuviera espantado — pero sus ojos cuentan otra historia, piensa Jorge. Nomás es tímido, deduce el mayor, nomás nunca se imaginó que iba a ser correspondido.

Jorge se detiene apenas rozándole los labios a Pedro, que parece que ha dejado de respirar, expectante.

—¿Cuántas veces tengo que decirte que me tutees?

Pedro se dispone a responderle y es entonces cuando Jorge le planta un beso. Profundo, fuerte, desesperado, tan intenso que Pedro hace un ruido extraño en su garganta y se deja caer sobre la puerta que tiene detrás, sus manos se vuelven puños en la chaqueta del mayor pero deja de resistirse.

Jorge no puede evitar sonreír incluso mientras explora su boca descaradamente. Quién iba a pensar que Pedro era tan sumiso...

Y con esa nueva información y aprovechando que el ídolo de Guamúchil parece haber perdido momentáneamente su capacidad de reaccionar, Jorge dirige sus manos expertas al cinturón del menor y lo desabrocha con rapidez, metiendo una mano por debajo de su pantalón.

Pedro baja de su nube de sopetón.

—Oiga, —exclama entrecortado, mirando hacia abajo con urgencia— no le parece que-

—No, no me parece —Jorge lo interrumpe, y sin pedir permiso acaricia la erección de Pedro por encima de su ropa interior. El menor se da con todo contra la puerta, nuevamente sobresaltado, como si las manos de Jorge le transmitieran electricidad.

—J-Jorge, espérese...

—Y ayyyy va de nuevo con el "espérese." ¿A poco te da vergüenza, mi rey? ¿Apagamos la luz?

Luces, cámara, acción Donde viven las historias. Descúbrelo ahora