•Prólogo•

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—¿Olympia?¿Qué tanto buscas en esa caja?— me preguntó mi hermano ya queriéndose ir.

—¿Te quieres callar? Hay cosas muy interesantes aquí— dije mientras seguía rebuscando en aquellas antigüedades.

Estábamos en la casa de nuestro tío y decidí buscar alguna cosa interesante en un ático que tenía, obligue a mi hermano a que me sujetara una linterna porque al parecer la única bombilla que había en ese cuarto estaba fundida.

—Ayy me duele el brazo— dijo mi hermano dejando caer la linterna.

—¡Oye! Vuelve a iluminar y mira esto—dije mientras le acercaba la caja.

Encontré un especie de libro que estaba bastante cubierto de polvo y con las páginas muy amarillentas por lo viejo que era.
Observé el libro con demasiada curiosidad, era escrito a mano, con una letra en cursiva bastante bonita, el borde solo estaba grapado para sujetar las páginas.

—¿Qué es eso?¿Un diario? — preguntó mi hermano arrodillándose junto a mi.

—Ni idea, pero aquí pone “Benjamin Wells 1991”.

—No hay nadie de esta familia que se apellide Wells— dijo mi hermano frunciendo el ceño.

—Tal vez le perteneció a alguien que vivió aquí antes que nuestro tío —dije mientras me levantaba—. Bueno yo me lo voy a leer a ver que tiene.

—Allá tú y tus tonterías, yo me largo a jugar fifa.

—”Yo me largo a jugar fifa” — lo imite con tono de burla.

Me dirigí a mi cuarto con el libro en manos, me generaba demasiada curiosidad, sobre todo sabiendo que le pertenecía a un extraño de hace muchos años.
Me senté y comencé a analizarlo, no tenía ni portada ni nada, eran solo páginas grapadas. En la primera página que intuí que era la sinopsis ponía:

¿Qué sucede cuando el sol y la luna coinciden en un mismo cielo y se enamoran? 
Esta es la historia de como un sol ayudó a la luna a brillar más que nunca  y se inculcó el hábito más peligroso de todos, el hábito de amar a alguien…

El día sin estrellas que admirarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora