- Te empeñas en que le perdone...
La recrimino.
V: No, Malú, eres tú la que me ha llamado preguntando por él, ¿qué esperabas que te conteste?
Me riñe.
V: ¿Que está súper bien, que se ha pillado por otra y vive feliz con Eva en el campo?
Suspiro.
- No.
V: Nena, odio tener que decirte esto, pero la que está mareando eres tú.
- No le estoy mareando, Vero.
Me quejo.
- Si hasta la he bloqueado, no hablo con él.
Confieso.
V: Ya.
Intuyo que se muerde la lengua y tiene muchas cosas para decirme.
- Desembucha.
Le pido. A veces la verdad es dolorosa, pero por algo es mi amiga, y lo que no me diga ella, nadie lo hará.
V: Es que no te entiendo, nena.
Bufa.
V: Me llamas llorando que le quieres, que le echas de menos, que estás enamorada de él, pero luego el tío quiere hablar contigo y no le dejas.
Suspira.
V: Tiene cosas para decirte, Malú.
- ¿Qué cosas?
V: Yo que sé.
Se escabulle. La conozco cuando me oculta algo.
V: Pero querrá explicarse.
- Ya lo ha hecho.
V: Vale.
- Tu sabes algo, Vero.
V: Sí.
Me da la razón.
V: Sé que os queréis, que con Mateo estabas feliz, que metió la pata hasta el fondo, pero también que se arrepiente.
Enumera.
V: Lo que no sé es por qué te resistes a perdonarle, si los dos estáis sufriendo.
- Quiero hacerlo, Vero.
Aseguro.
- Pero no puedo.
Busco las palabras que me ayuden a argumentar mis sentimientos, pero no consigo dar con ellas.
- Me mintió.
Le recuerdo.
- Y no se trata de perdonarle.
Reflexiono.
- Es que ya no confío en él.
V: Lo entiendo, nena.
Su tono cambia a uno más compasivo.
V: Pero hay un "pero" en tu voz, y no lo pillo.
- Odio que me conozcas tanto.
La escucho sonreír del otro lado del teléfono. Como le gusta que le dé la razón.
- Me enrollé con alguien.
Confieso.
V: Quiero detalles.
- La noche que llegamos tuvimos una fiesta, me emborraché y apenas me acuerdo lo que pasó, pero me lo tiré en un baño.
V: Pero joder, María Lucía, ¿Qué te tomaste el agua del florero?
- Casi.
Me lamento.
- Necesitaba no pensar en nada.
V: Ya. Veo que lo has conseguido.
- Estuvo bien, nos desfogamos y ya.
V: ¿Te volviste a liar?
- Sí.
Le cuento arrepentida.
- Y fue horrible.
V: ¿Por qué?
Pregunta preocupada.
- Porque estaba acostumbrada a follar como animal, quitarme el calentón y ya.
Suspiro. No es la primera vez que deseo parar pero sigo porque al idiota que metí en mi cama le apetece seguir. Me ha tocado fingir orgasmos cuando no he sentido nada y hasta mentir diciendo que ha sido el mejor polvo de mi vida, pero nunca me había sentido tan mal como hace un rato.
- Pero luego Mateo me enseñó lo que era hacer el amor.
Siento un nudo en la garganta, pero prometo no volver a llorar.
- Que el sexo puede ser muy guarro pero que él siempre estaría pendiente de mí, atento y tratándome bien.
Una lágrima atrevida me traiciona, recorriendo mi mejilla.
- En la cama y fuera también.
Admito. Eso es algo que siempre, siempre hizo.
- Y hoy me he sentido sucia.
Sollozo.
- Y utilizada...
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Todos los secretos (Segunda parte)
RomanceUna historia en la que TODOS tienen algo que ocultar