Capítulo 252

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- No.

A: ¿Puedo preguntar que ha hecho tan grave el pobre hombre para que tenga que currárselo tanto?

- No.

Calo de mi cigarro.

A: Vale. Mejor seguimos hablando del concierto que acabas de dar.

Sonrío negando. Ha pillado que no voy a hablar de Mateo.

- No hace falta.

Va a alagarme y me da vergüenza escucharle.

- Cuéntame algo más de ti.

...

..

La noche acaba por ser de lo más divertida. Todo lo que se dio mal en un principio con Antonio ha terminado por darse vuelta, y me he reído con él. Necesitaba un poco de diversión y agradezco haberla encontrado.

Los dos días que le siguen están colmados de trabajo. Promo, entrevistas y platós llenan mi agenda, y sin querer darme cuenta, me encuentro otra vez en el avión, con los ojos cerrados deseando que las horas se pasen en un sueño profundo.

Aterrizamos en Madrid pronto. Mi cuerpo acostumbrado al horario mexicano siente que es de noche y mi necesidad de descanso es casi peligrosa. Las ganas que tenia de pasarme las horas de vuelo junto a Morfeo han sido un fracaso y algunas películas me han hecho compañía, pero pillar mi cama es todo lo que deseo.

¡Malú! ¡Malú!

Saludo a algunas chicas que me esperan pacientes y sonrío a sus cámaras antes de ser rescatada por Manu que me mete prisas para subir al coche.

P: Hija.

Mi madre me abraza cariñosa cuando entro a casa y el zoo no tarda en aparecer a olfatearme y llenarme de mimos, dando brincos y moviendo el rabo, exigiendo las caricias que no les he dado en estas casi tres semanas.

P: ¿Qué tal ha ido?

Se interesa haciéndome reír. Hemos hablado todos los días.

- Estupendo.

Aseguro.

- Pero ahora me quiero morir.

Exagero.

- Tengo mucho sueño.

P: Sube a darte una ducha y a la cama. Yo mientras te preparo algo de comer así tienes un puchero cuando te despiertes.

- No sé que haría sin ti.

La peloteo besando sonoramente su mejilla.

- Eres la mejor.

Obedezco como si fuese una niña pequeña que no le lleva la contraria a su madre.

- Vente conmigo, Chani.

Invito al gato que no pierde la oportunidad de echarse una siesta. Menudo perezoso.

Sin demorarme abro el grifo y espero a que salga agua caliente, me lavo la cabeza y el cuerpo y al estar suficientemente relajada salgo, colocándome un pijama corto y me dejo caer en la cama junto a Chanelo.

- ¡¿Quién insiste tanto, joder?!

Me quejo con el sonido del timbre. Miro el reloj y son casi las siete de la tarde. ¡Mierda es que tampoco pensaba dormir hasta estas horas!

Me incorporo con prisas, aún cansada y corro a abrir.

- ¿Qué haces aquí?

Todos los secretos (Segunda parte)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora