En el verano de 1668, en el puerto de Dundee, donde algunos barcos mercantiles atracaban mientras otros levaban anclas para poner fin a su estancia en Escocia, un joven ponía el pie por primera vez en su vida en un navío. No había sido fácil convencer al capitán, ya que disponía de demasiados grumetes a bordo e, incluso, sobraban algunos. Pero el chico tenía en la mano una recomendación de una importante sociedad local, en la que informaban que él era hijo de un conocido capitán que falleció años atrás, además de ofrecer un generoso donativo en caso de que fuese aceptado.
El nombre de aquel capitán era Louis Hart, pero los más cercanos lo llamaban Lou Ha. Era famoso por ser un hombre de gran corazón. Él mismo había bautizado aquel barco con el nombre de Hijo de Dios porque casi todos sus tripulantes eran niños huérfanos o abandonados, algo que siempre conseguía ablandarlo.
El nuevo grumete al que Lou Ha le abrió los brazos se llamaba William Kidd y tenía trece años. Con la cabeza gacha y sin parar de temblar, hizo su primera aparición en la cubierta principal del Hijo de Dios, bajo la atenta mirada de los demás grumetes y otros muchos marineros. William se sentía tan observado que ni siquiera levantó la mirada para saludar a aquellos que le daban la bienvenida.
El Hijo de Dios era un barco mercantil pequeño y contaba con veintisiete tripulantes, incluido su capitán. Lana, aceite, cereales, vino e, incluso, cuero eran algunas de las mercancías que portaba cada vez que zarpaba. Los destinos casi siempre se repetían, pero los puertos de Francia y de Inglaterra eran los que más aguardaban las llegadas del Hijo de Dios. Con la incorporación del joven William, sumaban seis grumetes a bordo y no había mucho trabajo para todos ellos; aun así, el capitán trataba de mantenerlos ocupados con cualquier quehacer.
Aquel día, ponían rumbo a Francia y al capitán le corría prisa salir cuanto antes, así que puso a varios grupos a cargar la lana, pues se necesitaban, al menos, dos personas por saca. Ese fue el primer trabajo de William, y lo hizo junto con el joven llamado Moore. El ceño fruncido de su compañero demostraba que no se alegraba de tener un nuevo grumete a bordo, y dejaba la mayor parte del peso a William, que prácticamente llevaba la saca a rastras. Pero no decía nada, seguía con la cabeza gacha y con el mismo miedo que había llegado, hasta que se cayó, sin apenas fuerzas.
-Esto no es para ti, chico. No deberías estar aquí -dijo Moore en voz baja, dedicándole una mirada seria desde arriba.
William Kidd no contestó. Con los ojos fijos en el suelo, temblaba cada vez más.
-¡Moore! -gritó uno de los dos grumetes que se encontraba detrás de ellos-. ¿Qué estás haciendo?
-No estoy haciendo nada, Robbie. El chico se ha caído solo. No puede ni cargar con media saca. No es culpa mía que sea débil -contestó.
-Muy bien. Pasa tú con Culli y yo me pondré con el chico -dijo Robbie mientras se acercaba para ocupar el sitio de Moore.
Moore, bastante molesto, observó como Robbie le daba la mano al joven William para ayudarlo a levantarse.
-¡Tranquilo, chico! No te dejes asustar por Moore. Es más bueno de lo que aparenta ―dijo Robbie mientras cargaban una nueva saca-. ¿Así que te llamas William?
-Así es -contestó tímidamente el joven.
-Pues, al final, tienes algo en común con Moore: su nombre es William también, pero le trae malos recuerdos y prefiere que lo llamemos Moore. Bueno, yo soy Robbie -Tendió la mano hacia Will-. Te ayudaré en lo que necesites, chico.
Robbie era uno de los veteranos de aquel barco, y al ser algo mayor que los demás grumetes, les apoyaba en lo que podía. Pasaba mucho tiempo con el capitán, al que se lo debía todo porque, ocho años atrás, lo había rescatado en Marsella. Por aquel entonces, solo tenía seis años y dos gendarmes lo sujetaron para que otro le cortara la mano. La multitud en medio de la plaza, que presenciaba como aquel niño lloraba tratando de ablandar a los agentes, llamó la atención de Lou Ha, que se acercó para ver qué ocurría. El capitán llevaba tres días en la ciudad y apenas hablaba francés, pero sí entendió que decían que le iban a cortar la mano al chico por haber intentado robar algo de comida. Por como gritaba, se dio cuenta de que no pertenecía a aquel lugar. No podía permitir semejante atrocidad, y al ver que nadie se atrevía a hacer nada, pidió a voces que lo dejaran en paz, que el niño era su hijo. Aquello le costó unas cuantas monedas de plata y parte de lo que llevaba de valor en su barco, pero su corazón sabía que había hecho lo correcto. Pronto se percató de que lo único que sabía decir el chico era su nombre. Así, se convirtió en el grumete más joven del barco, que el mismo Lou Ha bautizó como Hijo de Dios aquel día.
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Half
AdventureNota: El primer libro ya esta completado y en el Capítulo 15 os dejo un avance de la segunda parte sin editar. Sinopsis: Es la historia de un húerfano llamado Half. El chico se gana la vida haciendo de guía turístico a los viajeros que desembarcan...