El maloliente Octavio
Esa semana, los golpes y los insultos aumentaron. Alsemio estaba borracho con sus compadrones a toda hora. La última de sus conquistas ya lo había dejado. Bien por ella, mal por mí. Ella me protegía o al menos intervenía. Rezaba porque mi mamá regresara.
Desde el cuarto en donde dormía se escuchaba el alboroto: Los gritos de excitación, las risas de hienas y la música estridente. El olor a cigarro y alcohol impregnaban mis fosas nasales. Realmente, eso no era un cuarto, era un a pocilga con un colchón desgastado. Mi mamá pensaba que yo dormía cómodamente con mi primo Mauricio y en mi cama. Ella había comprado una para cuando durmiese allá, lo hiciera bien. En lugar de ello, se convirtió en otra cama para sus invitados.
—Dos noches más y listo —me decía. Contaba los días que me quedaban en ese infierno. Cubría mis orejas con la almohada y me estaba quedando dormido. La puerta se abrió repentinamente. Mi respiración se agudizó, sin embargo, no moví ni un pelo. Mi tío entró hablando con alguien y encendiendo la luz. Sus pasos se fueron acercando. Yo apretaba los puños mientras una lagrima salía de mi ojo derecho. Alsemio me levantó de un jalón y me sacudió con fuerza como si fuese un animal no deseado.
—Compadre duerma ahí con el sobrino —Le señaló al desconocido. Quitándose la camisa y abriendo el pantalón, el tipo se desplomó en el único lugar en donde podía descansar.
—Duérmase al ladito —me indicó Alsemio, poniéndome en el piso y restregándose la nariz. Yo no quería dormir ahí, estaba atemorizado. Apreté su mano yendo con él. —¿Usted pa dónde va? —me preguntó enojado. Yo me fui a los llantos. —¿Tío déjeme dormir con Mauricio? —Lo sujeté de nuevo con más fuerza—. Ese señor me da miedo —lo miré con ojos de perro regañado. —¡Ya empezó la niña a llorar! —me contestó quejándose con una mofa. Con un buen manotazo, me propulsó contra el muro desgastado a mi izquierda. Bajó el interruptor llevándose la luz. Bruscamente, la puerta se cerró. Las llaves entraron en la cerradura y el clic de seguro se activó. Me había encerrado con ese señor. Agitado, intenté tumbar la puerta a golpes en vano. Prendí la luz de nuevo en busca de salvación. Me dejé caer al suelo desconsolado.
El tipo respiraba fuerte entre sus ronquidos potentes. Tapándome los oídos lo observaba. Estaba horrorizado. No quería que ese hombre se despertara. Estaba sentado contra la pared.
Unos treinta minutos pasaron. El tipo reclamaba con sonidos inaudibles que apagara la luz. Me levanté agarrando la manilla de la puerta. Con dificultad, el hombre que no debía tener más de 25 años, se quitó el pantalón. El abrió los ojos y me fijó con su mirada perdida. Yo empecé a gritar porque en el fondo, sabía que algo malo podía pasar. —¡Cállese! —me gritó. Mi corazón batiendo récords de latidos, no me dejaba calmarme. El borracho fue hacia mí. —¡Calma, calma! yo no te voy a hacer nada —Sobándome los brazos.
»—¡Respira, respira! no te voy a hacer nada. Podía percibir su aliento apestoso: mezcla de cigarro húmedo y anís. Era vomitivo. —Vamos a dejar la luz prendida si quieres, pero deja de gritar ¿Está bien? —Él me observaba con delicadeza. —Me duele la cabeza y nadie te va a escuchar. No entendía mucho lo que me decía.
Sin escapatoria posible, mi resistencia iba en declive. Sollozando, me dejé tomar las manos. Lentamente fui cediendo y me senté a un lado del colchón. —Quédate ahí si quieres, pero, deja de llorar. Así fue. Mudo e inmóvil con tal que él no me hiciera nada.
Lo observé dormir durante horas. Su respiración era realmente fuerte. En un momento, su pene se puso erecto como un bate. Estaba impresionado por el bulto. Él se metía la mano en le calzón para rascarse; lo hizo en varias ocasiones. Luego, él se puso de medio lado, dándome la espalda.
Ya no podía más. Estaba cansado y quería dormir. El ruido chirriante del salón se apaciguó. Los gritos del exterior y los ronquidos me mantenían vigilante. Pronto, mis ojos veían negro.
Sentí que me estaban moviendo. Me desperté con miedo. El hombre me sujetaba en sus brazos. —Ven pequeño, duerme tranquilo. Perdona por haberte asustado anoche. No era mi intención. Me sentía en seguridad en sus brazos y dormí de nuevo.
Unos llantos conocidos me llamaron. Mi mamá estaba ahí. Estaba en mi casa acostado en mi cama. No podía estar más feliz. Fui corriendo hacia el salón. Me detuve en seco. Estaba sorprendido. El hombre estaba con ella tomando un café.
Mi mamá se abalanzó hacia a mi tomándome en sus brazos. —Papi, lo siento mucho. Octavio me contó lo qué pasó. No sabía qué decir, estaba somnoliento y no comprendía lo que pasaba. —¿Estás bien? —me cuestionó ella, abrazándome fuerte. Sonreí mirando a Octavio. Al final, el desconocido maloliente me cuidó y me protegió; algo que nunca hizo mi proprio tío.
Conté todo lo que vivía en casa de Alsemio. Los maltratos a los que estaba sometido. Mi madre cortó todos los lazos con su hermano. Más nunca tuve que ir a esa casa llena de terrores.
Octavio se volvió un amigo cercano de mi mamá. Siempre agradeciéndole por lo que hizo. Las cenas con él se volvieron recurrentes. Ya no era maloliente. De hecho, era un hombre trabajador, tranquilo y disponible. Era uno de los buenos.
—Te traje tus galletas favoritas. —Te traje tu helado de coco crema. —Donas con chipas de chocolate. Siempre que iba a casa me llevaba algo. Eso duró unos cuantos meses. Repentinamente, Octavio se desvaneció de nuestras vidas.
Supe que se casó tiempo después. Todavía lo recuerdo con cariño. Ahora adulto, a veces la molesto con un supuesto amorío con él. —¿Cómo se te ocurre Carlos Alberto? —me preguntaba alterada por la pregunta. Me burlaba de ella siempre: sus mejillas se ponían rojas como un tomate al tocar el tema. Sé que me ha mentido al respecto. Igual, no tiene importancia. No niego que me hubiese gustado tener una figura paterna como él.
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Matarme para no suicidarme
RandomCarlos ha sufrido el acoso, el maltrato y el rechazo desde su niñez. Ser pobre, negro y gay en una sociedad clasista, racista y homófoba no ha sido de ayuda. Lo que más desea: Ser aceptado, amado y respetado. Lo que en realidad necesita: Aceptarse...