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―Jungkookie, conseguí un departamento... ―aquella frase dicha por Namjoon, desconectó a Jungkook de la reciente rutina que comenzaba a formar en ese lugar.

Sólo llevaba cuatro días viviendo en el departamento de su ex novio, y no podía evitar el pensamiento recurrente de que se sentía como un recién casado. Despertaba temprano por la mañana, al sentir al contador levantándose de su lado, tratando de hacer el mínimo ruido para no perturbar sus sueños, y aunque Jungkook no abriera los ojos, lo escuchaba moverse por la habitación, entrar y salir del baño, e incluso, sonreía discreto al oírle hablar con Namu, mientras lo alimentaba. Luego de dejarlo con el estómago lleno y el pañal limpio, susurraba una despedida que el chico apreciaba, y se marchaba a trabajar. Un rato después, Jungkook se levantaba, e iniciaba oficialmente su día, ordenando un poco, cocinando algo ligero. Muy pocas veces optó por comprar comida a domicilio, sintiéndose demasiado abusivo de malgastar el dinero que no era suyo. Mientras cuida de Namu, no pierde ocasión de ver algún programa divertido en televisión, o alguna película, para más tarde, encargarse de bañar a su hijo y dejarlo listo para recibir a su otro padre, que puntualmente aparecería por la puerta, con su sonrisa de hoyuelos y su mirada cargada de felicidad pura, para juguetear con él y saludar a Jungkook con un beso en la mejilla que le dejaría la piel hormigueando por más. Cayendo la noche, ambos prepararían el biberón de Namu y juntos lo llevarían a la cuna, para dejarlo profundamente dormido y permitirse hablar de lo que hicieron durante el día, las últimas novedades y ver algo en la televisión, sentados en el sofá, comiendo y riendo muy a gusto. Una vez que el sueño les ganara la partida, se pondrían el pijama y, una vez más, se meterían a la cama juntos, abrazándose el uno al otro para decir buenas noches y dormir.

Era una rutina simple y hogareña, tan doméstica que cualquiera que los viera podría asegurar que ya son años los que llevan viviendo juntos, y no sólo cuatro días. Y tal vez, sintiéndose tan cómodo y seguro en compañía de Namjoon, rodeado de sus cosas y su aroma, en su departamento, la idea de romper todo eso, lo congeló en su sitio.

El contador tampoco lucía tan radiante como de costumbre, mientras se quitaba los zapatos y el saco, para colgarlo. Se calzó un par de pantuflas y estampó un beso en la mejilla de Jungkook, despertándolo de su letargo.

―Estaba hablando con unos colegas, ya sabes... ―continuó contando, ajeno al desconcierto en el interior del pelinegro. ―Y uno preguntó si aun estaba buscando un departamento en renta... Le dije que sí, pero que tenía que ser uno bien ubicado, en un sector seguro... y él dijo que tenía el lugar perfecto ―Namjoon tomó a Namu en sus brazos, cuidando de no dejar su cabeza sin apoyo y le sonrió con todo el amor del mundo. ―Me comentó que, hace poco, un tío de él se compró un departamento en ese edificio, que son relativamente nuevos y que, aun quedan algunos disponibles, por si me interesaba... Incluso me regaló un folleto ―señaló su maletín con la mirada. ―Están allí, ¿puedes buscarlos? ―pidió amable, acunando a su bebé y meciéndolo. Jungkook arrastró sus pies hasta el lugar mencionado, y rebuscó entre los papeles que Namjoon guardaba en el interior, hallando el colorido tríptico de la inmobiliaria. Lo miró por ambos lados, con interés fingido, regresando al lado del mayor. ―Dice que tiene bastantes áreas verdes alrededor, está cerca de algunas escuelas y guarderías, además de tener una estación de metro a media cuadra... Hm... varias tiendas de conveniencia y parques... ¿Qué te parece? ―lo miró expectante, esperando su aprobación.

Ni tan JUNTOS, ni tan REVUELTOS - YoonKook/NamKookDonde viven las historias. Descúbrelo ahora