Estaba sentada mirando el techo, tratando de pensar alternativas, mis pensamientos son interrumpidos al escuchar la puerta abrirse, mirando a Gao, de manera instantánea sentí miedo, me hice bolita en la esquina donde estaba, sintiendo como mi corazón bombeaba fuertemente, a un punto donde dolía mi pecho.
—Buenos días belleza, te traje el desayuno. —Dijo campante. —Es, bueno, no sé, lo hizo Stephanie.
Sonrió, sacándome la cinta con cuidado, cuando acercó la cuchara a mi boca apreté los labios, moviendo la cabeza a los lados evitando que entrara, todo lo que viniera de él me daba asco y miedo. Sentí un jalón de cabello fuerte, obligándome a que lo mirara.
—Vas a comer maldita perra, porque te necesito viva. —Es Dijo con tanto odio, que sentí como si fuera una puñalada atravesándome. —Me gusta verte así, lo haré más seguido.
—Déjame ir, por favor...
Me golpeó la mejilla con su mano, sacándome un grito de dolor, tomó mi mentón y aprovechó que tenía mi boca abierta para meterme la comida, la escupí.
—Si no comes, te juro que traigo a Garu y lo mato en frente tuyo.
Negué fuertemente, jalando las cadenas donde estaba esposada, sintiendo como la piel donde hacía presión ya me ardía, volteé y vi como comenzaba a sangrar.
—No le hagas nada, por favor.
—Entonces sé buena chica, y come. —Exclamó con simpleza. —Si no, ya sabes las consecuencias.
Abrí la boca lentamente, comenzando a masticar la comida que me daba, estaba mala, pero no quería que me volviera a golpear, entonces seguí comiendo a pesar que no me gustaba el sabor.
—Eso muñeca, te ves muy linda cuando me haces caso. —Sonrió con autosuficiencia. —Me encanta tener poder.
Me dio tanto asco que me dieron arcadas, lo miré suplicante, viendo como podía convencerlo aunque sabía que era prácticamente imposible, no lo conocía.
—Suéltame, te lo suplico.
—Quién diría que tendría así tan pronto, me encanta este sentimiento de poder, es tan placentero, de tener a la mejor ninja a mis pies, ahora, besa el suelo y di que soy el mejor.
Enarqué una ceja, sin poder creer, estaba obsesionado con el poder, que era irreconocible, mi mejor amigo de la infancia era un actor, estaba impresionada, auténticamente me sentía vacía.
Me sentía sola, como me sentía al principio cuando mi padre no me prestaba atención.
Tragándome el orgullo, me arrodillé, agarrándome el cabello en una coleta, agachándome besando sus pies, él sonrió carcajeándose aplaudiendo.
—Jamás pensé que mi fantasía se cumpliría, mucho menos que sería así de pronto.
Alcé la mirada llena de lágrimas, humillada, no tenía ninguna expresión, ¿por qué la tendría? No me quedaba nada, ¿qué podría expresar, miedo, odio, resentimiento?
Nada, no podía expresar nada, es que así me sentía, me sentía absolutamente nada.
—¿Qué se siente que te hayan arrebatado el orgullo?
Rodeé los ojos, mirándolo enojada.
—¿Qué se siente estar desquiciado?—Ironicé, este me miró enojado. —Ya, estamos a mano.
La sala se inundó en un silencio profundo, donde él se acercó a mi tomándome del cabello, yo lo miré a los ojos, sin chistar.
—Te vas a morir aquí, no vas a salir. —Susurró asustándome. —Así que prepárate para pasar el resto de tus días sin ver la luz del día.
Tragué en seco, suspirando tratando de no auténticamente volverme loca.
—Cállate Gao, por Dios.
Traté de sonar firme, pero la voz se me quebró en medio de la oración, suspirando tratando de no volver a llorar.
Gao me guiñó el ojo, saliendo por la puerta no sin antes besarme la frente, tal como lo hacía cuando éramos niños, solamente que esta vez se sintió falso, no como en los viejos tiempos, miré al cielo, ahora si rompiéndome en llanto.
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Un nuevo silencio [SEGUNDO LIBRO] [Garu y tú]
Fiksi PenggemarLa relación estaba en su tope, todo iba en paz y todos estaban cómodos con su vida y satisfechos, nadie se esperaba algo que iba a sacudir tanto la aldea como la vida de ellos: Pucca había sido asesinada de una manera brutal, había sido un crimen de...