TYLER
De vez en cuando tengo ese sueño, ya no tengo miedo; pero la misma extraña sensación al despertar da mucho que desear.
Es sábado y le he ganado al sol al menos por 3 horas, no acostumbro madrugar, pero últimamente disfruto ver por la ventana a esta hora; el silencio es tan refrescante, casi tanto como la oscuridad.
No quiero despertar a nadie, pero tampoco puedo dormir, por lo que busco mis audífonos lo más sigiloso posible y decido conectarlos al amplificador de mi bajo. Por un momento me dejo llevar y termino tocando I found a way de Drake Bell, tal vez una de sus mejores canciones pero también, una canción que me hace sentir yo mismo.
Por un momento me fusiono con las notas, hasta que mi hermano entra sin previo aviso a mi habitación.
- Tyled, ¿Qué hoda es?. - Lo dice acompañado de un bostezo y sin una pizca de preocupación.
- Alrededor de las 9. ¿Por q...?. - Observo en silencio conteniendo una sonrisa al ver como su expresión de pocos amigos cambia a una de asombro, como si olvidara algo, algo que en su micro universo sería imperdonable o como en sus cuentos, merecería una ejecución.
Tras taparse la cara, el pequeño allanador sale corriendo, miro la puerta perplejo y salgo a buscar a mi madre. Por suerte no duro mucho, ya que subía las escaleras.
- Buenos días mamá, ¿Sabes que le pasa?.- Digo señalándolo con mi pulgar.
- Olvido que hoy tenía que ir a la primaria.- Lo dice con un café en mano y una voz despreocupada. - ¿te desvelaste otra vez?.
- No pude volver a dormir.- Respondo sin dar muchos detalles.
- Perfecto, tú lo dejarás en la escuela.- Se aleja con frescura, dejándome boquiabierto sin darme oportunidad de negarme. Que lista.
Después de calmar y ayudar a vestirse a mi pequeño hermano, decidí llevarlo en bicicleta hasta la primaria. Sorprendentemente él no habló mucho, se limitó a observar y evitar la mayoría de mis preguntas. Una vez que vimos una cantidad decente de niños en la entrada, fue suficiente para que mi hermano volviera a sonreír y tal vez olvidar su última preocupación. Que suerte.
Me despido de él y se aleja con tanta felicidad como si adentro estuviera esperando Willy Wonka y él fuera un niño con un boleto dorado. A veces no lo entiendo. Cuando estaba listo para irme, la señorita Anderson decide saludarme, a lo que no puedo negarme, es una mujer muy dulce.
- Señor Westlick, me alegra verlo.- Dice con una brillante y sincera sonrisa.
- Tyler, por favor. El señor Westlick es mi padre, al menos así le dice todo el mundo.- Digo un poco apenado debido a su hospitalidad. - También me alegra verla.
- Como prefieras, solo venía a saludar. Tengo que recibir a un nuevo voluntario y dar una clase, me dio gusto verte.
- Igualmente señorita Anderson, no la entretengo más.- Digo tras colocarme el casco y comenzar a pedalear.
Conozco a la señorita Anderson desde unos 2 años, cuando iba a mi casa a darle lecciones de piano a mi hermano. Sin embargo, el pequeñín termino dejándolo, diciendo que quería tocar la guitarra cuando fuera grande, ya que quería formar una banda conmigo y Jonathan.
Después de recordar esos tiempos, comienzo a tararear una de las canciones de los Beatles, por lo que, casi sin darme cuenta llego a mi casa. Cuando estaba a punto de entrar, me percato de que mi madre está tocando el saxofón en el estudio, puede escucharse hasta la puerta principal, llevaba semanas sin oírla.
Cerré los ojos embelesado, recordando con algo de nostalgia, pero fui sacado de mi trance cuando Jonathan me quito las llaves. Genial. Jonathan y yo hemos sido mejores amigos desde el jardín de niños, siempre hemos sido inseparables y desde que tengo memoria ha venido a desayunar todos los sábados a mi casa. Nuestra amistad no empezó por algo en particular, él no paraba de hablar y yo por el contrario me daba la impresión de que la profesora no parecía notarme. Jonathan a diferencia de los demás niños, me miraba con curiosidad y solo comenzó a llevarme a todas partes. Una vez que vuelvo a aterrizar me percato de que Jonathan me mira con extrañez y me señala el interior.
- ¿No vas a pasar?.- Dice disimulando lo mejor que puede una sonrisa juguetona.
- Eres un anfitrión muy considerado.- Comento con algo de ironía y una ligera sonrisa.
- ¿Cómo has estado, hermano?.- Grita desde el otro lado de la casa, específicamente la cocina.
- No puedo quejarme, he estado ocupado.- Digo restándole importancia.
- Sabes que no me refiero a eso.
- Lo sé.
- Sabes que no te librarás de mí, ¿verdad?
- También lo sé y en parte lo agradezco.
- ¿En parte?
- Si, algo me dice que por culpa de un invitado no invitado parece que hoy no cenaré.
Jonathan me lanza una mirada de pocos amigos y el trapo de la cocina. Él es como I found a way.
Después de pasar toda la mañana con él, me doy cuenta que es hora de ir por mi hermano, mamá acaba de irse a trabajar, por lo que supongo que seremos él, Jona y yo el resto de la tarde. Jonathan ha decidido acompañarme, una razón válida que no sea yo, quiere ir por helado. A veces pienso que tengo 2 hermanos menores en vez de uno.
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100 DÍAS PARA OLVIDARTE
Teen Fiction¿Te has enamorado de alguien del que sabías que no era una buena idea? En esto se resume la vida de Samantha y Tyler, dos adolescentes que solo quieren ser libres de su pasado y dejar de huir, sin saber que su nuevo amigo pasa por exactamente lo mis...