Capítulo 38: "Las apuestas están disparatadas."

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La alarma de mi teléfono móvil me saca de mis sueños, lo que me comunica que som las ocho en punto.

—Buenos días. —Le sonrío a Ruth.

—Buenos días también para ti.

—Voy a preparar el desayuno, avisa a los demás. —Le digo y me meto en la cocina.

Después de cinco minutos van llegando los primeros. Lucy, la hermana de Liam, se acerca a mí antes que nadie. Le sirvo unas galletas y un zumo de piña, ya que me ha dicho que es su favorito. Río levemente al oír eso, a mi amiga Lucy también le encantan. El siguiente en venir es Joe y detrás de él, todos.

—Lucy —llamo a la pequeña—, ella es mi amiga, la otra Lucy.

—Encantada de conocerte, Lucy. —Mi amiga le ofrece su mano, la pequeña la estrecha tímidamente.— Al parecer, tenemos en común más cosas, a parte del nombre.

—Sí. —La pequeña mira su cartón de zumo de piña y lo une al de Lucy para brindar.

Salgo de la cocina cuando termino de desayunar y me doy una ducha. Cuando termino, dejo el cuarto de baño listo para el que necesite entrar. Llamo a Mamá primero:

—¿Anne? —Contesta adormilada.— ¿Pasa algo?

—Siento despertarte, pero quería llamar lo antes posible. Me temo que no podré ir a Bath hoy, espero poder coger el tren mañana, de todas maneras el cumpleaños de Lauren es pasado mañana.

—No te preocupes, hija. ¿Por qué no puedes venir? ¿Ha pasado algo?

—Bueno, unos amigos de Gemma vinieron desde Bath para pasar unos días aquí con ella. Ayer, todos salieron por la noche, menos yo, y a uno de ellos le hirieron con una navaja.

—¡Oh Dios mío, Anne! ¡Quédate todo el tiempo que necesites! ¡Ese amigo tuyo...! ¿Está bien? —Dice muy, muy, muy alterada.

—Desgraciadamente, cuando le dieron el navajazo, estaba solo, pero la gente que estaba allí llamó a la ambulancia. Ha pasado la noche en el hospital. Yo regresé a casa a las cinco, para descansar y me traje conmigo a su hermana pequeña. Estamos a punto de salir para el hospital otra vez. —Si lo piensas bien, hemos dormido menos de tres horas.

—¿Es muy pequeña su hermana?

—Tiene unos 8 o 9 años.

—¡Si es una niña! ¡Cuídala bien, Anne! ¡Y cuida a tu amigo! No te preocupes por nosotros, lo entendemos; si no puedes venir este mes, ya vendrás el siguiente.

—El siguiente me voy a América.

—Sea como sea nos veremos.

—Seguro que sí. Te dejo, Mamá, si todo se soluciona, te llamo.

—Adiós, cariño.

—Adiós. —Cuelgo el teléfono con una sonrisa.

Marco el número de Tina.

—¿Sí? —También estaba dormida.

—Tina, soy Anne, siento despertarte.

—No te preocupes, ¿qué pasa?

—Hoy no podremos ensayar.

—Me lo imaginaba. —Dice. Espera, ¿qué?

—¿Cómo lo sabías?

—Todos los medios de comunicación están hablando de vosotras y de vuestra noche en el hospital. Las apuestas están disparatadas.

—Liam, un amigo de Gemma, recibió un navajazo anoche.

El Susurro de AnneDonde viven las historias. Descúbrelo ahora