Estamos hechos de titanio
Regresé a casa; una ducha, un cambio de vestuario y listo. Durante ese tiempo, reflexioné sobre sus consejos. Ella tenía razón, debía hacer algo al respecto. La consecuencia: Jonathan iba a hacerme la vida aún peor. No tenía pruebas para mandarlo a la cárcel. Algo me tenía que ingeniar para que pagara por lo que me hizo. No podía seguir siendo una víctima.
Vi el carro de mi jefa estacionarse en el parqueadero de la residencia. Agarré algo de dinero de mi mesa de noche y salí. Ya en su auto -Vamos a poner un poco de música Darling -dijo ella mientras metía un CD en el reproductor. Titanium de David Guetta y Sia comenzó a sonar; me encantaba esa canción. Ella me miró -¡Esa canción va a ser nuestro himno esta noche, porque estamos hechos de titanio, ¡Carlitos! -vociferó ella y arrancamos. Puse mi cara contra la ventana. -¡Gracias mi Caro! -murmuré..
Yo no estuve muy comunicativo durante el trayecto. Ella hacía de todo para hacerme reír. No podía negar que, era buena en eso. Ella cantaba con todo, yo la observaba con pena ajena, pues lo hacía muy mal. Era cómico. Yo la acompañé con dos o tres canciones que me gustaban. Nos estacionamos y ella me dijo -¡Aquí estamos! Vas a entrar a tu primera disco gay. Espero que no nos pidan tu cédula. Yo había olvidado ese detalle. Estaba más que nervioso, pero una parte de mí quería que no me dejaran entrar.
Llegamos a la discoteca, Macondo, se llamaba. Me había puesto la misma ropa que en la maldita fiesta de fin de semestre, y en la rumba en donde vi por última vez a Gianmario. Al llegar a la puerta, el portero, un morenazo musculoso, me miraba con displicencia. -¿Quién es tu chico? -preguntó el hombre a Carolina. -¡Hola Corazón! -saludó la jefa, dándole un beso en le mejilla-. ¡Es un amigo y trabaja conmigo! -respondió ella sonriente. -¡Entren! -nos comunicó él.
El morenazo me tocó el hombro mientras pasábamos. -¡Estás muy lindo, delgado, pero lindo! -me halagó él-. ¡Avísame, si tienes algún problema! -se giró y siguió atendiendo a un grupo de personas que venían detrás. Estaba impresionado de su cumplido, sobre todo, viniendo de un hombre como él. Era muy atractivo.
Estando adentro, no era como me lo imaginaba. No había mucha gente, eran las once y media. La decoración contenía muchas luces de diferentes colores y en las paredes, posters extravagantes. La música pop del momento, pero no había nada excepcional. Los pocos clientes eran hombres, ciertos eran muy afeminados. Carolina me mostró el lugar. No me sentía muy cómodo.
Cuando llegamos al bar, unos chicos me fijaban con la mirada. Intimidado, escapé poniéndome detrás de Carolina. -¡Hola Caro de amor, ¿Cómo estás?! -gritó jubiloso uno de los bármanes. Yo lo miré con desagrado. «¿Qué diablos estoy haciendo aquí?» analizaba la situación en mi cabeza. Me alejé de ellos, dejándolos hablar y escondiéndome de los tres hombres que me observaban.
Yo intentaba no tener contacto visual con nadie. Esa gente me daba miedo y no entendía lo que me había pasado ese día. Decirle a mi jefa, que yo había tenido sexo con el desgraciado de Jonathan y que el amor de mi vida era un hombre. Le di a entender que yo era como los otros y eso no era cierto.
Estaba molesto conmigo mismo. Mi cerebro volvía a pasar flashes de ese maldito día. No había pasado ni una semana. Mis ánimos estaban peor que un barco en agua turbulenta. Esa gente me recordaba también, de lo que estaba huyendo: Mi atracción por los hombres. La gente comenzaba a llegar, más locas a la jaula. -Definitivamente, yo no pertenezco a este mundo -dije disgustado en voz baja. Necesitaba salir de ahí.
Carolina llegó con un par de tragos. Ya me estaba acercando a la puerta, iba a salir corriendo -¿Qué haces por acá solo? Te quería presentar a unos amigos, pero bueno, te traje un coctel que La interrumpí gagueando -Ca.. Ca.. No quiero estar aquí, me quiero ir -Terminé la frase, apenado, entendía que ella solo quería ayudar. -¡Oh no Carlitos! Mira vamos a hacer algo, nos vamos a beber estos dos coctelitos y después nos vamos ¿Vale? -Me pidió con ojos de cachorro en perrera. Suspiré y asentí con la cabeza.
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Matarme para no suicidarme
AlteleCarlos ha sufrido el acoso, el maltrato y el rechazo desde su niñez. Ser pobre, negro y gay en una sociedad clasista, racista y homófoba no ha sido de ayuda. Lo que más desea: Ser aceptado, amado y respetado. Lo que en realidad necesita: Aceptarse...