—¿Benjamín, qué haces despierto tan temprano? —Era Dorian que se asomaba desde la cama superior de la litera.
—Oh Dor, perdón si te desperté—me disculpé, pensé que lo había despertado con mis susurros.
—No,no me despertaste, ¿Estás nervioso?
—Si —respondí moviendo mis pulgares—, quise practicar algunas obras, pero...
—Pero...—repitió esperando que terminará la oración.
Suspiré.
—No estoy seguro de esto, Dorian —le dije tan rápido que ni me entendí yo mismo.
Pero Dorian lo entendió.
—¿Cómo? —Hizo una pequeña pausa—. ¿Eres consciente de que esta obra puede que sea la puerta para que logres tu sueño en un futuro?
—Yo...
—No —me interrumpió—. Si lo supieras no dejarías que unos simples nervios o lo que digan los demás frene tu sueño.
No sabía qué responder, le prometí al profesor Montiel que iría al menos a intentarlo, pero no puedo.
—Si puedes, créeme —dijo él, como si hubiera leído mi mente—. Confío plenamente en ti, aunque no vayas a audicionar para lograr el papel principal, inténtalo.
Se formó un gran silencio, solo se escuchaban los ronquidos de algunos compañeros de cuarto.
—¿Estarás ahí? —pregunté vagamente.
—¿Qué clase de preguntas es esa? Claro que estaré —dijo, logré ver a pesar de la oscuridad que me dedicó una sonrisa.
—Gracias por todo.
—De nada hermano, es tu oportunidad de brillar como el mismísimo sol.
Le sonreí.
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—Madre mía —gritó Orion—. Y pensar que todas estas chicas tienen nuestra edad, ufff.
—Meeks —lo llamó el profesor Díaz—, no sea ridículo y compórtate.
—Lo lamento profesor —respondió, Orion tenía la cara demasiado roja, tan roja como su cabello pelirrojo, hasta sentí el ardor de las orejas al verlo.
—A ver —llamó la atención una chica pelinegra—. Quienes vengan a audicionar que se levanten.
Chicos y chicas se levantaron, todos menos yo, Dorian a lo lejos me hacía señas para que me levantará. Después de un rato me levanté con lentitud y me posicioné junto a Meeks.
—Bien aquí tienen algunas líneas que interpretar —dijo la pelinegra entregando guiones con pocos diálogos—. Os recuerdo que quien quiera ser voluntario para ayudar con el decorado, la música, trajes etc. Pueden inscribirse escribiendo su nombre en la mesa donde se encuentra la profesora Aurora.
Señaló a una señora alta, con el cabello rubio muy corto y rizado, que llevaba puesto un abrigo de pieles. La pelinegra fue pasando los guiones y agradeciéndole a cada uno de los que vinieron a audicionar.
—Aquí tienes, muchísimas gracias por venir a audicionar —me dijo mientras me entregaba el guión.
—G-gracias —tartamudee.
Ella me sonrió, a pesar de haberse tapado la boca para que no se le vieran los dientes, era una sonrisa demasiado brillante. Pasó al siguiente para darle el guión y yo me quedé ahí observándola como un loco. Su cabello negro estaba recogido en un peinado que parecía una cascada, sus ojos oscuros tenían un brillo impresionante. A lo lejos me fije en su ropa, llevaba un vestido con estampado de círculos negros, y unos zapatos negros que combinaba con su vestido. Giré la cabeza bruscamente, no quería que ella o alguien más pensará que la estaba mirando de mala manera, no quería ser visto como los demás chicos de mi edad y demás.
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El día sin estrellas que admirar
Romance¿Qué sucede cuando un sol y una luna coinciden en un mismo cielo y se enamoran?