Y bueno. Hace unos días cumplió años Aftodita, hace unos días fue el día blanco en Japón, y hace unos días quería escribir algo casual de esta pareja pero no pude agarrar el teléfono para escribir.
Eso y que no tenía pajorela idea como empezar esto.
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La relación entre el y Tauro a veces no podía parecer la más romántica a los ojos del prójimo, aún dentro del mismo santuario que ellos sean amantes desde hace un par años era bastante novedoso de escuchar porque nadie lo pensaría. Cada uno siempre se mantenía entregado a sus responsabilidades. Custodiando sus templos, entrenamientos, lo normal. Tener pareja no era estar con ella día, tarde y noche, con el pasar de los años y entre más dejaban de ser unos niños se entregaban más a sus puestos. O eso era lo que más se percibe a simple vista.
Desde tener uso de la memoria cada uno de ellos ha estado en el santuario. Eran simples jóvenes privados de una vida común y cotidiana desde temprana edad, todos eran diferentes y sé adoptaron de formas diferentes a todo su entorno como guerreros de una diosa.
Una diferencia notaría que los 2 tenían. Claro estaba qué siempre habían matices, y ambos tenían cierta razón que a su vez beneficiaba la forma de ver del otro.
Afrodita por su parte eligió el uso de la justicia a través de la ley del más fuerte. Como santos tenían que ser los más fuertes para poder ejercer la voluntad de Athena. Él más débil difícilmente iba a ser seguido y de tener el milagro de hacerlo era más difícil que resultará ganador. Él contrario a él era Aldebarán, que era más amable, un tanto ingenuo pero que haría lo que fuera por proteger y defender al correcto. Sus ideologías eran muy diferentes pero eso para el Santo de Piscis le agrado bastante. su pareja desde los 14 era un hombre muy fuerte pero con mala suerte, desde pequeño pensó eso.
Un pequeño recuerdo de la infancia le llegó al santo de piscis. Había estado en su estancia tranquilamente con un café, levantándose tranquilamente busco una libreta dónde cito a su Tauro, usando una rosa blanca como cello personal. Un pequeño deseo de rememorar un simple acto infantil que ellos compartieron hace años. Cuando eran simples niños jugando por el Santuario.
Aldebarán tampoco es que se quejara. Y aunque tampoco necesitaba la mayor excusa para dejar sus obligaciones custodiando su templo, visitar a su compañero como simples hombres y amantes accedió rápido. Lo que le llamo la atención fue cierta petición: Sin las armaduras. Afrodita pedia un encuentro formal.
Nada muy raro en él. Sonriendo el toro no se hizo de esperar para cambiarse e ir con él.
Apoyado en la pared Afrodita lo esperada. Tendiendole la mano para llevarlo a su jardín, el santo de Piscis ya tenía todo arreglado para empezar, solicitándole a su toro que se siente delante de él, entendiendo rápidamente sus intenciones teniendo ese mismo recuerdo. Relajándose al sentir las manos del Santo de Piscis en su cabellera, arreglando la corona de flores que estaba construyendo.
— Me agrada que aún recuerdes esto. — Hizo saber, eran recuerdos algo triviales que cualquiera le restaría importancia.
Mientras jugada con su cabello castaño, el Santo de Piscis enredaba varias pequeñas flores como si de una corona se tratasen sobre la cabeza del toro. Varios recuerdos llegaron a su mente de ambos durante el tiempo pasada, de entre la última vez que lo hizo, y a su vez fueron la razón del porque le solicito al toro visitarlo para pasar un momento a solas los 2. La primera vez que logro hacer ese detalle para su toro fue hace bastante años. Eran mucho más jóvenes, se podría decir que cuando eran niños y sus puntos de vista chocaron en una conversación luego de los últimos sucesos del Santuario.
Afrodita termino disfrutando de un pequeño suspiro al notarlo tan relajado que parecía haberse quedado dormido. Al satisfactoriamente terminar con su arreglo sujeto la cabeza del toro con ambas manos, levantando su mentón hasta dejarle un beso en los labios. Rápido y dulce, haciendo reaccionar a Aldebarán para buscar otro besó de su ferdiente amante.
— Terminé. — El doblé sentido dijo. Separando al toro ya arreglado de él, mientras lo detallaba. — Me encanta como se te ve, esas lindas flores en un cuerpo tan robusto, pero con un rostro tan dulce. — Aldebarán sonríe dulce a las palabras de Piscis. — Gracias por aceptar. Esto es algo que llevaba tiempo querer hacer nuevamente.
— Creo que la última vez fue cuando nos volvimos pareja. — Llevándose la mano al menton sonrió con un deje de picardía muy evidente. Logrando que el Santo más hermoso ria con disimulo ocultando su rostro en una rosa. — ¿O no fue allí? — A un solo paso que su robusto cuerpo necesito se acercó a su pareja. Inclinándose para verle a los ojos.
— La verdad no recuerdo. — Mintió. Acercando el rostro para nuevamente darse un beso. Guiñando el ojo como una indirecta, o más bien un incentivo para llevarlo consigo.
A medio camino, Aldebarán lo sujeto en brazos. Apresandolo en su cuerpo para besarlo de forma más prolongada.
El resto del día sé separaron hasta la tarde siguiente.
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La verdad me imagino a estos como el tipo de pareja que pueden estar 2 semanas separados y volver a verse tranquilamente al día siguiente.