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EL DÍA ESTABA SIENDO DEMASIADO AGOTADOR PARA EL GUSTO DE LA CASTAÑA, hace nada había terminando las clases y sentía que su cuerpo iba a colapsar el cualquier momento producto del cansancio. Se durmió a las dos de la madrugada gracias a que estuvo hablando por chat con el chico que le robaba suspiros y tuvo que levantarse a las seis y medio para alistarse e ir a cumplir sus deberes como estudiante universitaria, a primera hora se enfrento a tres horas de corrido de clases de bioquimica para luego tomar un break de diez minutos e ingresar a practico de un ramo llamado proceso atención en enfermería.
Apenas y había comido un sandwich vegano acompañado de un capuchino. Ahora que había conocido a Damian intentaba no consumir tanta carne — Y menos frente a él. — para no hacerlo sentir mal o que sintiera asco de la comida.
Cerró sus ojos mientras meditaba. En la mañana le había enviado un mensaje al azabache pero no obtuvo respuesta y eso la ha tenido preocupada durante el transcurso del día. En las primeras horas simplemente pensó que era demasiado temprano como para responder — A pesar de que envió el mensaje a las ocho am. — pero pasada del mediodía se preocupó.
Su primera hipótesis trataba de que quizás se dió cuenta que no eran compatibles. Él era reservado y se caracteriza por ser un buen oyente mientras que ella habla hasta por los codos y casi siempre tiende a divagar. Damián es un observador analítico y ella es demasiado despistada como darse cuenta de inmediato sobre algunas cosas.
Seguramente ahora se debe estar arrepintiendo de todo.
Las flores habían dejado de llegar hace una semana por petición de ella y quizás eso le molestó al chico. Estaban a días de cumplir un mes de cortejo y ella aún no hacía algo extraordinario por él salvo cocinarle y enviarle mensajes bonitos de animo.
Era demasiado poco en comparación a todo lo que él hacía por ella. Probablemente Damian se percató de aquello.
—María —el llamado de su amigo Matthew hizo que abriera los ojos y saliera de sus pensamientos. —Hoy has estado muy callada
—¿Yo?
—No conozco a otra persona en esta ciudad que se llame María
La castaña sonrió levemente pero aún con un notorio desgano.
—Oye, oye. Alto ahí vaquera ¿Qué pasa?
—Nada ¿Por qué?
—¿Osas a mentirle a tu mejor amigo? Y peor aún ¿Limitarlo de un chisme?